sábado, 24 de octubre de 2015

Sé que un hombre recio puede conmoverse hasta las lágrimas mirando un cuadro vulgar de colores chillones que representa un paisaje. Sé que una canción popular de contenido estereotipado y melodía ramplona puede durante un breve tiempo revivir corazones muertos. Sé que historias que no son más que clichés encadenados conmocionan con su discurso pueril el interior de los seres humanos. Y yo me alejo, y me entretengo mirando sin ver pero esperando, mirando las nubes, el cielo, las hojas y los rostros de personas desconocidas que viven ahora, como yo, en esta tierra, y todo me habla, pero desconozco el código porque tan sólo conozco un lenguaje, que lo más que se aproxima y llega a decir es que todo eso es inefable. Pero sigo esperando. Estoy desmotivado porque carezco de los órganos receptores que descodifican estos mensajes. Tampoco me siento cerca de los seres que yo denomino “culturales”; los veo lejos, en sus burbujas. Tiré la toalla y soy lo que se dice un holgazán. Aunque tengo un reflejo más rápido que un acelerador de partículas que me impele a agacharme y recoger la toalla en un visto y no visto cuando en unos y en otros siento algo que comparto: la emoción.    

viernes, 23 de octubre de 2015




Un grupo de palomas, 16, posadas en la estructura descubierta del toldo de una azotea; llega la número 17, la admiten sin sobresaltos.
El consuelo proviene del otro, una engañifa más a sumar, la atención, el reconocimiento, la empatía del otro. El conforte del otro. Siempre el otro. La búsqueda de interlocutores que nos digan lo que queremos oír. Esto es un páramo, ya no quedan palomas en la estructura pero mi mente quisiera percibir sus espectros ¿Mi fascinación por los eccehomos y el resto de los ecceseresvivos de dónde procede? ¿Conjurar el miedo a la muerte tras una vida espectral?

En la tele, en un documental sobre el barrio marginal sevillano de Torreblanca, una mujer consumida por las drogas, esquelética, infrahumana, dio unas volteretas ante la cámara, saludo a su padre, le dijo que lo quería y exclamó: “¡Viva el deporte!” Antes refirió que había hecho gimnasia deportiva en el pasado. Aún tenía luz en la mirada.


miércoles, 21 de octubre de 2015




La basura mental orbita en torno al cerebro, quisiera librarme de ella pero en gran parte conforma lo que soy; todavía la considero didáctica, siempre y cuando logre deshacerme de ella: conócete a ti mismo y ten el fuelle para renacer: expulsa la materia fecal de las vías respiratorias y oxigénate, me digo.

“Yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí, yo los claustros escalé y en todas partes dejé memoria amarga de mí.”

Y también me caí.

La metáfora del ángel caído se materializó, pero en zafio, como Francis Bacon manda; muy de mi gusto cultural, soy un judeocristiano con pretensiones e inmerso, por lo que se ve, en lo cárnico.

jueves, 8 de octubre de 2015

Me gustaría comer sano, no comer carne y cepillarme más a menudo los dientes, pero mi organismo es cuartelero, los bocados sofisticados me saben insustanciales y cuando llueve huelo a perro mojado. No me disgusta. Salvo porque hay que echarme de comer aparte.
He dejado de ir al parque de Seurat, con su gente tan lejana de finales del 19. Por tanto también he dejado de ir a mi parque: ya no lo idealizo.
Me viene a la cabeza un sillón burgués con estampado de Matisse. Qué sería de la difusión cultural sin la burguesía. A esa gente de Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte le debemos que rodearse de un entorno bello se pueda comprar; al menos en los mejores tiempos del capitalismo para con los trabajadores.
Siempre nos quedarán los chinos, ya no hay marcha atrás. Mañana, el ejército rojo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Me pruebo las máscaras, una tras otra; consciente, místico unas veces y cínico y con la sangre negra y espesa otras. También lo hago de manera inconsciente, pero de eso sé muy poco y lo paradójico es que son las artesanales, no maderas donde agarrarse naufrago en la mar, sino pequeñas islas que uno hace como las termitas, granos de arena recopilados en la vida y pegados con baba. Al menos uno se puede poner de pie en toda su incompetencia en la isla. Y tratar de hacer algo. Es muy difícil equilibrar todo eso que hay en la mente con el resto del cuerpo. Miro arriba, miro abajo, pero, cobarde, no miro al frente ¿Para cuándo la limpieza?: para cuando deje de beber definitivamente. Si es que llega, la limpieza.

sábado, 3 de octubre de 2015