jueves, 29 de enero de 2015


Por desgracia, a la señora Tschissik siempre le dan papeles que sólo muestran la esencia de su personalidad; interpreta siempre mujeres y muchachas que, de golpe, son desgraciadas, escarnecidas, deshonradas, ofendidas, pero a quienes no se les concede tiempo para desarrollar su personalidad de acuerdo con un proceso natural. En la impetuosa fuerza natural con que interpreta tales papeles, que sólo en la representación son puntos culminantes, puesto que en el texto de la obra no son más que insinuaciones a causa de la gran riqueza interpretativa que requieren, uno adivina las cosas que sería capaz de realizar…
Franz Kafka, Diarios (1910 – 1923)


En el parque. Hoy la letra es diminuta, en concordancia con la reflexión.
Unos arbustos grandes, de abundantes ramas sarmentosas, huérfanas de hojas, con una vida mínima de subsistencia invernal, se interponen entre el banco donde está sentada una chica y el banco donde estoy sentado yo.
Dejo la lectura y levanto la cabeza; tiempo ausente, en blanco, el vacío de la física, el gran silencio.
Las ramas de los arbustos se me antojan repentinamente materializadas, visibles por ensalmo del flujo luminoso que despide mi mirada, proveniente de la luz de lo leído; alquimia fallida, a la altura de un ser humano: de filamentos de luz a grosera materia vegetal, pero bella. He vuelto.
Y a través de las ramas, de repente, caigo en la cuenta, la chica mantiene su rostro vuelto hacia mí, con fijeza. En ocasiones uno al hablar con una persona vive la paradoja de alejarse a lo recóndito, de alejarse, podríamos decir, una vida al menos. Al contemplar algo o a alguien, sin “observación”, mientras se conversa, lo contemplado, con el poder de su verdadera naturaleza oculta, capta por simpatía la verdadera naturaleza oculta del contemplador; entonces la conversación con esta persona adquiere una verdad cuya manifestación sería imposible de estar pendiente de la persona. Creo que a ambos, quizás gracias a la interposición de los arbustos, nos ocurría lo mismo, una percepción inusual.
Al poco, ya entonces “observando”, reparé que tenía un móvil y que estaba hablando por él. Confirmación pues de lo anteriormente descrito.
Todo está oculto en lo visible, en la misma apariencia, el método para desvelar lo esencial no reside en el análisis, aunque completa, sino en no estar para poder ser ¿Cómo? Ni idea, ocurre a veces.

miércoles, 28 de enero de 2015

Prohíben en Arabia Saudita el uso del columpio a las mujeres. La decisión fue tomada por el gobierno tras considerar que el balanceo de ese juego puede "alentar" a los hombres a acosarlas.




En el parque. Tres jovencitos estudiantes con mochilas -dos de ellos con aspecto de jóvenes escritores del siglo XIX pero con la barba más arreglada- hablando de mujeres en los columpios. Uno, un Chejov redivivo, parecía un gran conocedor del mundo femenino, y se empleaba a fondo, jactándose ante los otros de la experiencia acumulada. El chejovito contaba, con aires de superioridad, cómo se había follado a una tía en la playa, cómo la presionó porque se hacía la tonta, y cómo, por eso, por tonta, le echo no uno, sino tres polvos y la dejó tirada en la arena. Yo no daba crédito, máxime porque cerca de ellos, en un banco, una chica absorta en su móvil se estaría, no podía ser de otra manera, enterando de todo. Ya se estaba calentando el pequeño Strindberg, una vez que hubo afianzado su posición de casanova en la cúspide de la pirámide trófica con el relato previo, y comenzó a dar consejos a los monitos omega; una perla: “Al conocer a una tía, estudia sus puntos débiles, síguele la bola y al final te la follas.” Sin duda era lector de Marcel Proust, el cual dijo que llevar a una mujer a la cama era muy probable, de conseguir llegar a las tres de la madrugada halagando su vanidad; qué decimonónico nuestro mocito columpiándose. Pero se superó a sí mismo y cerró con un broche de oro sus enseñanzas viriles: “No hay cosa que las joda más que despreciarlas sacando la pistola y corriéndote en su cara, y ahí te quedas.” Pero eso es maldad, dijo uno que probablemente necesitaba refuerzo. Y vino el refuerzo: “Hay que tener maldad en esta vida, si no, no consigues nada.”

La chica del banco se puso en camino con la cabeza agachada, no sé si por vergüenza,  porque seguía mirando el móvil que tenía en sus manos mientras caminaba. Pasó a mi lado y yo quise cruzar mi mirada con la suya para ver que opinaba, pero no me miró. 

viernes, 23 de enero de 2015


Me gusta esta canción.

martes, 20 de enero de 2015


Imitando las viñetas del señor Blas e inspirándome en su imaginación cimarrona pensé en un principio en un grupo de personas en círculo, sin comunicación entre ellos pero, eso sí, wasapeando con sus respectivos móviles. Pero no sé hacerlo.
Visto el fracaso pensé en el cuadro de Edward Hopper, Hotel-Room, 1931, y lo adecuado que sería hoy día sustituir el libro por un móvil. Pero no sé hacerlo.

Así que pongo las imágenes y apelo a su imaginación.

 
Y un Hopper de ahora. 
 

 

domingo, 18 de enero de 2015

En el parque. El libro, el cuaderno y el rotulador de punta fina, pertrechos de viaje interior pequeñito en el mini invernadero de la bolsa de plástico, para que prospere y lleve mi sangre del corazón a los pulmones, porque el otro recorrido, el que circula por todo el cuerpo para retornar al corazón no está a mi alcance.
Pero veo a dos personas que me caen bien, y por educación, en lugar de sentarme en mi banco predilecto, apartado y soleado, flanqueado  por la perrita, la leal Lolina, de la estirpe de Boatswain, el perro de Byron.*, voy a su encuentro, a charlar de perros. Pero he aquí que se aproxima una persona que no es de mi agrado con un perro que tampoco lo es y aprovecho discretamente para escabullirme, como el psicópata de El silencio de los corderos cuando la detective Clarice entró en su casa, el angelito ese que se confeccionaba un vestido de piel humana. Criatura perdida… Así que por disimular y no ofender me siento en el banco más cercano y me lío un cigarrillo. En estas estoy cuando giro la cabeza y en un banco situado atrás mía veo a la cieguita. Ya ni ofender ni pollas en vinagre, fui para allá encantado de la conversación que me esperaba. La saludé, tiene los ojos claros y los mueve mucho, es invidente total y todos los poros de la piel de su rostro están abiertos para reconocer el exterior. La apertura es tal que no se puede describir. Estaba sola y la invite a venir a la pequeña rotonda central del parque donde estaba el núcleo duro de los parroquianos de cháchara, describiéndole los perros y sus amos, en este orden. Me pidió que la llevase y le ofrecí mi brazo. Qué bien me sentí. Llegamos al banco donde me lié el cigarrillo, y nos sentamos. Me encanta describirle todo. Lola se sitúa entre los dos encima del banco y mientras hablamos ambos la acariciamos; yo no lo hago cuando ella lo hace porque ella no lo ve, y por pudor, por no rozar sus manos. En el transcurso de la charla saqué a colación mi edad, 53 años, M. tendrá unos 28 años, para que no hubiese equívocos dada la “lozanía” de mi voz. Me encanta su compañía. Su mirada. Ambas, la externa y la interna. La combinación de la ceguera y la música en ella me imanta. No es capricho, son los interiores. Su perra, Mena, tendrá que jubilarse en poco tiempo y será reemplazada por otro perro guía pero ella, a pesar de vivir en un piso, vive con su madre, afrontará lealmente hacerse cargo de los dos animales. Al llegar la hora de despedirnos volví a orientarla a la salida del parque que le convenía, esta vez para guiarla la así con mi mano de uno de sus brazos.
Cuando lleguemos al camino me puedes soltar, dijo; todo recto - la solté-, hasta luego M.; hasta luego, dijo.
No la veré hasta el próximo fin de semana, porque mañana llueve.


 * Cerca de este lugar reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad, y todas las virtudes del hombre sin sus vicios. Este elogio, que constituiría una absurda lisonja si estuviera escrito sobre cenizas humanas, no es más que un justo tributo a la memoria de Boatswain…”

viernes, 16 de enero de 2015

Sueño

Una pareja de amigos me llevan a una casa. Una casa donde la gente practica sexo. De repente, en la habitación en la que nos encontramos, agitada por las prisas, entra una mujer en vaqueros con el torso desnudo. Quiere, perentoriamente, comprobar si nos parecemos colocándose frente a mí. Intuyo que su origen proviene de una probeta y que tal vez sea yo el donante del semen. Sin embargo, por su edad, más joven que yo pero no tanto para ser mi hija, deduzco que no lo es ¿Seremos hermanos? Tengo una hermanastra por parte de madre que no conozco, pienso. Ella manifiesta de inmediato que sí, que nos parecemos. Me enamoro. Quiero hablar con ella. Ella parece igualmente receptiva al flechazo, pero un hombre aparece de improviso y ambos con las manos enlazadas se van caminando ignorándome. Siento decepción. Otro hombre rodea su cintura con el brazo y los tres continúan su paseo alejándose de mí. La decepción es aún mayor, terrible.

Estoy en su casa, es hogareña, rezuma vida familiar, me gusta. Tiene hijos pero apenas los entreveo. La contemplo, ahora tiene falda y sus piernas, preciosas, son visibles. Mi amor a simple vista se refuerza, siento que es la mujer más próxima que he visto: así, en su medio, en su hogar. Voy a decirle que estoy separado y ella al unísono conmigo lo expresa también. Está separada. Esto aumenta mi dicha pues abre la posibilidad a la unión. Quiero hablar con ella de nuevo pero me dice que no puede porque ha de aprovechar el día, que tiene muchas cosas que hacer. Siento ante su afirmación que no soy el hombre adecuado, que yo desperdicio mis días. No obstante, la sensación de coincidir con la mujer de mi vida se acrecienta. Es bella, aunque un tanto, no mucho, ajada por la edad, lo que la confiere de una experiencia vital que me es muy grata.

Estamos en las vías de un tren. Sopeso mis fuerzas, huesos y articulaciones y trepo por un pequeño talud bastante inaccesible. Ayudo a la pareja de amigos a subir conmigo ofreciéndoles mi mano. Observo que justo al lado había un paso mucho más accesible por donde pasan otras muchas personas. De todos modos continúo ayudando a otras personas desde el lugar donde me encuentro.

Viene el tren, en la locomotora que lo arrastra hay un ventanuco por donde ella asoma. Me encaramo con dificultad al morro de la locomotora y le digo que no nos hemos dado los teléfonos, lo cual me angustia porque impediría nuestro reencuentro. Ella me dice que mis amigos saben la dirección donde vive. Le digo que bien pero si aparezco por su casa y ella no está...
Seguimos en el tren, ella continúa dentro de la locomotora, asomada por el ventanuco y yo encaramado como puedo al morro de la misma. Me dice, con un volumen bajo de sonido: “Te quiero”. Mi dicha es inconmensurable, le respondo lo mismo, que la quiero. La emoción me desborda y lloro, de alegría.

Parece el fin del trayecto, es extraño porque es un muro y si no quiero ser aplastado tengo que bajarme. Apuro al máximo su compañía pero, al fin, in extremis, me bajo.


¿Es el ánima?, procedente del inconsciente, ¿o es una mujer externa a mí?

En cualquier caso, proceda de donde proceda, quiero encontrar y encontrarme en esa mujer.

jueves, 15 de enero de 2015


Muy bien por el Papa, es el único dirigente de calado que se ha pronunciado con sentido común en estos momentos. La analogía que ha hecho acerca de que si un amigo suyo –que tenía al lado, un médico creo- insultaba a su madre se llevaba un puñetazo –es normal, decía- me parece estupenda.

Yo, Opal, no soy Charlie Hebdo, no puedo serlo porque no comparto la violencia que anida en su frivolidad.

Y no hay que mezclar churras con merinas; los fanáticos que perpetraron los crímenes son execrables. No digo bichos por no reducir su condición humana.

miércoles, 14 de enero de 2015


Y, claro está, vuelvo a las andadas con Bob Fosse.
¿Conducta repetitiva, cuasi neurótica, como el abuso del Candy Crush? ¿O es algo lúdico e inofensivo sin más? ¡Dios mío, estoy hecho un lío!  



Joder, se me olvido poner a mi espectador favorito, mi modelo de identificación.




El lenguaje gestual del profe yo diría que dimana del uso de una estrategia de afrontamiento de supresión. Hace bien, si hubiese utilizado la represión en su consciencia, el retorno de lo reprimido le causaría pupa.
Estoy aprendiendo mucho con esto de la psicología.

Reus es mortis

Ando conociéndome a mi mismo, tratando de comprender conceptos psicológicos como el ello, el yo, el superyó; arquetipos de toda índole: el self, la sombra, etc.; mecanismos defensivos, adaptativos, procesos y otros aspectos psicológicos como el ánima y el ánimus
Lo mismo merodeo por el arquetipo materno de una vecina, una mora gorda –mi anima oronda; simpatía mutua a primera vista, sonrisas y todo eso-, que me proyecto paternalmente con una joven ciega, profesora de piano, convirtiéndome en sus ojos –de hecho, complemento a su perra guía,
describiéndole, como si lo hubiese hecho toda la vida, el pequeño mundo del parque-. El deseo apolíneo de ser sus ojos.
También hay espacio para las pulsiones pero con este yo mío las tengo a raya, negocio con el superyó pero no me deja. Sé, asimismo, que tras un pensamiento positivo viene el complementario negativo y tengo que encajar ambos trascendiendo los opuestos para alcanzar un self con el que pueda mirarme al espejo. Integrar.
Ahora que estoy sólo podría meter la cola donde me dejasen; pero, para eso, necesitaría beber. Años antes, emparejado, bebía para sentir el clic pero no para follar.
Converso con una mujer con perrito muy deseable pero no sé si podría amarla. O pulsión o intimidad, pasión y compromiso: amor con letras grandes. El término medio sería echar un polvo y ver como va la cosa pero nunca he sabido hacerlo, creo que se empieza invitando al objetivo a un café pero esto excede mi capacidad estratégica.
Y lo de Dios y la Virgen…, la búsqueda -a mi edad, sí- del padre y la madre, sigo en ello, en las horas bajas me lo pide el cuerpo pero ahora con todo este embrollo psicológico en el que me he metido – porque mejor es esto que matar una gaviota por aburrimiento- me es cada vez más difícil entrar en este tipo de desgarro. No obstante, hace unas horas, después de mirar por la ventana de una iglesia y ver al Crucificado, al fondo, tenebrosamente iluminado, muerto ya, me topé con un libro, el primero que vi de los expuestos en una mesa en la acera, El Vía Crucis de todos los hombres, y no pude dejar pasar esta Sincronicidad jungiana por un euro. Además el padre Cue ya en la primera página habla de Kafka y aún estoy enredado en sus diarios. Otra Sincronicidad. Bonus.
Iba a hablar de la introyección como mecanismo de defensa inmaduro, de la conveniencia de la elección de la supresión en lugar de la represión, del universo lacaniano de la complejidad del Otro en la constitución del ego del sujeto, la pulsión invocante y el apotegma: El deseo es el deseo del Otro; pero hay un gigante que se hace pasar por molino -aunque a mi no me la da- al que tengo que dar muerte por facineroso en cuanto me desate la camisa de fuerza.

martes, 13 de enero de 2015


Ya en el 2006 me pareció una provocación insensata que se iba a cobrar vidas las caricaturas de Mahoma. Ahora, después de lo acontecido, con Mahoma de nuevo en la portada de la revista satírica francesa, pienso lo mismo.

La libertad de expresión no está por encima del respeto al otro.

lunes, 5 de enero de 2015


Te condeno, Rachid, a ser inmune. Podrás mirar al sol un par de minutos, o más según cumplas los años que hemos prefijado para ti. Pero no serás inmune a la seducción de la mujer. Y sufrirás por ello. Palmea el suelo pero no conseguirás apaciguar al Señor de los Infiernos. Recorrerás el camino y cuando intentes escapar de lo apolíneo pagarás tu atrevimiento.

 De Las mil y una noches apropiadas.
Un cuento chino inventado.