martes, 3 de noviembre de 2015



Ficción (la mejor treta del diablo es hacer creer que no existe)

No creas que no comprendo, también me arrastra el mismo río, veo los mismos cuerpos que tú, flotando en el agua y varados en la orilla. Me preguntas lo que también me pregunto (qué hará Ingrid Bergman tendida en la ribera, sintiéndose y haciéndose la muerta). Creo que toma el sol, no parece que esté muerta, pero tampoco sé la respuesta, sólo ella la sabe. Y tal vez ni ella. Esto no es un sueño, no hay interpretación posible: es como si no estuviéramos.

Ahora que aún estamos navegando, dime, ¿deberíamos arriesgar y lanzarnos al agua?, me atrae el agua. En el agua hay que ser fuerte. Vulnerable.  Me atrae una idea de mí mismo fuerte pero no endurecido. Es un ideal, mi yo superior. Además, de ahogarme endurecido, me ahogaría muerto de miedo; a los fuertes les ocurre que se ahogan sin más: aire, fuego, tierra, agua, enfermedad, vejez y muerte. Sin más. Quiero ser fuerte.

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