viernes, 23 de octubre de 2015




Un grupo de palomas, 16, posadas en la estructura descubierta del toldo de una azotea; llega la número 17, la admiten sin sobresaltos.
El consuelo proviene del otro, una engañifa más a sumar, la atención, el reconocimiento, la empatía del otro. El conforte del otro. Siempre el otro. La búsqueda de interlocutores que nos digan lo que queremos oír. Esto es un páramo, ya no quedan palomas en la estructura pero mi mente quisiera percibir sus espectros ¿Mi fascinación por los eccehomos y el resto de los ecceseresvivos de dónde procede? ¿Conjurar el miedo a la muerte tras una vida espectral?

En la tele, en un documental sobre el barrio marginal sevillano de Torreblanca, una mujer consumida por las drogas, esquelética, infrahumana, dio unas volteretas ante la cámara, saludo a su padre, le dijo que lo quería y exclamó: “¡Viva el deporte!” Antes refirió que había hecho gimnasia deportiva en el pasado. Aún tenía luz en la mirada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario