sábado, 24 de octubre de 2015

Sé que un hombre recio puede conmoverse hasta las lágrimas mirando un cuadro vulgar de colores chillones que representa un paisaje. Sé que una canción popular de contenido estereotipado y melodía ramplona puede durante un breve tiempo revivir corazones muertos. Sé que historias que no son más que clichés encadenados conmocionan con su discurso pueril el interior de los seres humanos. Y yo me alejo, y me entretengo mirando sin ver pero esperando, mirando las nubes, el cielo, las hojas y los rostros de personas desconocidas que viven ahora, como yo, en esta tierra, y todo me habla, pero desconozco el código porque tan sólo conozco un lenguaje, que lo más que se aproxima y llega a decir es que todo eso es inefable. Pero sigo esperando. Estoy desmotivado porque carezco de los órganos receptores que descodifican estos mensajes. Tampoco me siento cerca de los seres que yo denomino “culturales”; los veo lejos, en sus burbujas. Tiré la toalla y soy lo que se dice un holgazán. Aunque tengo un reflejo más rápido que un acelerador de partículas que me impele a agacharme y recoger la toalla en un visto y no visto cuando en unos y en otros siento algo que comparto: la emoción.    

3 comentarios:

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  2. Es verdad que saber que está uno sintiendo la misma cosa que otro, compartir una emoción, es lo más la hostia que hay, es la rehostia, la refuquinmegaputahostia, y lo digo en serio.
    Pero aún así la experiencia idéntica no se da jamás. Yo lo veo como aquella escena del espagueti comido entre dos, uno por cada punta: es el mismo espagueti, comparten, participan de lo mismo, y terminan hasta por besarse, pero cada uno ha comido una mitad que no es ni puede ser la misma del otro.
    Pero mola, mucho, ya digo.

    (me ha jugado una mala pasada el corrector y por eso he eliminado el comentario para rehacerlo correctamente y conforme es debido)

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  3. Comparto plenamente su analogía del espagueti y, entre dos comensales, aderezado con un toque de razonamiento analítico reciproco, como el que usted ha desarrollado, constituiría el maná al que aspiraría como alimento integral del cuerpo y del alma.

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