sábado, 29 de agosto de 2015

Estoy como México, lejos de Dios. Imagino a San Juan de la Cruz arrobado, en el lugar que para estar hay que perderse ¿Y qué mira? La Forma. La representación de su dios, un cuerpo humano y divino maltratado, física y moralmente crucificado; ha accedido; la materia excelente del místico le permite hacer vibrar sus moléculas y conducirse en lo paradójico emulando a su dios; el gato está vivo y muerto, el punto donde se produce el encuentro de la ciencia y la gnosis de toda índole, en esos raros momentos de éxtasis, está a su alcance; el lugar sensorial del misterio; y de lo desconocido, para la ciencia, ávida. Yo estoy en México y sólo me separa de los Estados Unidos el muro: yo. Mi arrobo es grosero, es genital, pero si pudiera describir la altura que alcanzo, si hubiese contexto para ello.
El burro está en el aire, quiere pisar el firme y sus patas se agitan a 1 metro del suelo, luego cree que eso es altura y que el contexto es lo paradójico.  
      

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