jueves, 9 de julio de 2015


Me he encontrado por la calle, mientras paseaba a la perra, con Sara. No se llama Sara pero hace como el cocinero de un bar cercano, que se llama Hamed y al que todos llaman Jaime, lo deja correr. Iba a la mezquita, a reunirse con los suyos y a comer en compañía, porque están en Ramadán. Sara vive en el ático, un piso con tres habitaciones, cuando lo alquiló me ofreció compartirlo conmigo y con mi hija, pero yo no quise, entonces le ofreció una habitación a L., otro atleta. Le vi algunas cosas a S. que no me gustaron y dejé de desearla, esto me pasa siempre, indefectiblemente; pero menos aún, deseándola, iba a vivir con ella y con mi hija. Sara y yo nos llevamos bien pero al ir conociéndola vi esas cosas y ya no... Ella se me hizo pesada, todos los días reclamándome para algo, para que subiese a su casa, y yo, salvo excepciones, me escaqueaba; me invitaba a ir con ella a la casa de sus padres en Marruecos un día sí y otro también... Un día, incluso, dio un avance más explicito, pero yo mantuve el tipo, peino canas. La cosa se relajó. Ahora, al comentarle que voy a coger un piso o un estudio, me ha ofrecido la habitación sobrante, y le he dicho que no, que quiero vivir solamente con mi hija. A mediados de Julio se va a Marruecos y me ha vuelto a invitar a la casa de sus padres para pasar la quincena, o el mes de agosto con mi hija, que me vendría muy bien viajar. Le he dicho que no, que estoy con lo del piso y que yo soy muy pasivo pero que ahora había llegado el momento. Me va a dar las llaves de su casa para que pueda estar a mi aire allí, esté o no en casa de mi padre, mientras encuentro el piso, que la casa va a estar cerrada mes y medio. Le he dicho que no pero ha insistido y ha dicho que me las dejará de todas formas. Luego me ha pedido que la acompañase a la mezquita, pero le he dicho que no estaba de ánimo. Quería darme un libro de su religión en otra ocasión para que lo lea sin más y me informe. Le he dicho que no estaba de ánimo tampoco para eso, que mi cabeza está en lo del piso. Nos hemos despedido, y mañana, dijo, pasará a verme. Agradezco su apoyo. Pero relajado.

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