sábado, 11 de julio de 2015

 Sería deseable, dado que mi padre hace unos días decidió unilateralmente que omitiese el tratamiento de padre en nuestros escasísimos contactos verbales, que progresivamente, día a día, se produjese un crecimiento exponencial en este sentido; de manera que si un lunes por la mañana podría aún decirle buenos días, sin decir buenos días padre, pero sabiendo que lo es; un martes, al señor anciano que me encontraría en el salón al salir de mi cuarto, le daría los buenos días sin tan siquiera detenerme en la consideración de quién es, porque vagamente me recordaría a mi progenitor y por tanto todavía existiría la probabilidad de que lo fuera. El miércoles, el señor estaría sentado en el sofá del salón, pero se asemejaría a una expresión espiritual primitiva, con una factura técnica de pintura escupida o soplada;  lo vería aún como a un ancestro, aunque ni remotamente como mi progenitor, puesto que a esas alturas de la semana, el efecto difuso en la mente del borrado de la memoria estaría dando ya sus benéficos frutos. No obstante, al ser una representación figurativa antropomórfica, le daría los buenos días. El jueves advertiría con sorpresa la ausencia del anciano en el sofá; sin embargo, al poco, me preguntaría por qué me había sorprendido, por qué habría de haber un anciano en el sofá. No habría buenos días ese día porque no habría ni expresión ni espectro humano para recibirlos. El viernes, día de limpieza, todos los residuos venenosos de ácido bórico para las cucarachas, por aquí y por allá, a la basura; entraría en un dormitorio y sobre la cama, agitándose, un  ser espantoso, una enorme cucaracha. 
Echando mano de la literatura, le diría: «Buenos días Gregorio Samsa, como ves, lo que no mata, engorda»   

  Con las lecturas literarias o el cine pasa eso, que uno cree que la realidad es otra, que la vida puede ser como en las novelas o en las películas; que siempre nos queda el factor estético, incluso en lo trágico . Yo no lo creo. Ser indulgentes, finalmente es una burbuja inocua y me lo he pasado bien.

2 comentarios:

  1. Fíjese lo que son las cosas, cómo tamiza cada cual las informaciones y las procesa con vete a saber qué código personal: me estaba leyendo tan a gusto su cosa, encantado como siempre, y va y de repente emerge de mi subconsciente una inspiración. Por lo visto ha sido leer "Gregorio Samsa" y se me ha ocurrido una viñeta.
    O sea, tal vez me ocurra eso en muchos o todos los ámbitos de la vida: me satisface y edifica el libro, lo grueso, lo potente, pero finalmente va y se me queda la chorrada como huella de las gravedades.
    O sea que voy a hacer la viñeta, que será como el poso irrisorio de un sobrio café.

    Opal bueno.

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  2. Que yo sepa, no existe asunto alguno que no sea susceptible de ser parodiado. Por algo será. En las 1001 noches se dice que la verdad no está en un solo sueño, sino en muchos ¿Reversibilidad? ¿Perspectivas? El mundo es paradójico...

    He visto su viñeta.

    Dalila mala.

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