domingo, 24 de mayo de 2015

Vuelvo a mi agujero, al agujero mental que se constituye en el pupario donde persisto no sólo en sobrevivir, sino también en obtener la recompensa, la ilusión que a pesar de todo nunca me ha abandonado de crecer. Vuelvo al blog, y como le dijo un indio a James Stewar en una del Oeste: “Los blancos hablan con las palabras y no con el corazón”, con la pretensión de no hablar como los blancos. Tarea difícil pues todo se convierte, bien lo sé, en moneda de cambio; aun para con uno mismo. Renuncio incluso al sustento vital que me proporcionaba esta estrofa de consciente artificiosidad de Valle en La marquesa Rosalinda, que  mitigaba mi escepticismo impidiendo que degenerase en cinismo: “Y sollocen otros poetas / sobre los cuernos de la lira, / con el ritmo de las piruetas / yo rimo mi bella mentira.”. Amén.
Durante apenas cinco minutos ha descargado una tormenta de verano -muy apropiada mientras escribía este manifiesto-, que el viento arrample con todo, y que la lluvia, en espera del fuego, purifique el tejido muerto.
Quería continuar pero he intentado arreglar un neón y la he jodido: he dejado el salón a oscuras. Muy apropiado. Apago.

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