domingo, 1 de marzo de 2015


“Tos parriba valientes, se os queréis callar, to el mundo no puede salir en los Panaderos, hay que apretar los dientes y tirar parriba”. Los Panaderos, a mi espalda, ensayando con el armazón, los costaleros.
En el parque, en mi banco, la vida pasa, no está mal esta burbuja, es la menos artificial que he creado.
Al salir de casa me abrió el portal un marroquí, supongo que novio de la marroquí delgaducha, también en chándal, como siempre va ella, también atleta. Es educado y de mirada limpia, me alegro por ella. Estos jóvenes atletas, les quedan muchos kilómetros por recorrer.
Vuelvo a considerar que el sentido de la vida es sobrevivir. Me explico: mi padre, ese clown malogrado, padece del síndrome del exterminador, de cucarachas. Hoy, al menos, me ha avisado: “A las 12 echo el fu-fu, lárgate con la perra, estás avisado” Padre, le dije, abre las ventanas, que no se va el efecto, y huye tú también, que luego estarás hecho polvo, echando el bofe, por mucho que digas que es por el tabaco.
Muchas veces, como me conoce y sabe que aunque haya vivido como ellas no quiero morir como una cucaracha, fumigaba la casa cuando yo me iba a la habitación. A la mañana siguiente, dolor de cabeza, imposibilidad de respirar, envenenamiento en suma. De ahí que vuelva a considerar que el sentido de la vida es sobrevivir. Ha asomado la dueña de Pepo, un perro castrado, hoy en día los perros domésticos, en su mayoría, están castrados, y las perras esterilizadas. La mía no, no te digo. Ya no la veo, se la vie, vuelvo al boli. Dios mío, qué buen día de primavera. Con esto de recobrar el sentido de la vida, sobrevivir, a todo, incluso a las fumigaciones de mi padre, voy recuperando la dicha de la promesa renovada, la primavera. Dentro de poco mi amigo el vasco vendrá a Sevilla. Esta ciudad, Sevilla, tan chovinista, si no es por la mirada de los foráneos sería insoportablemente paleta. Lola está a la sombra y yo estoy al sol. Nos complementamos. Voy a ver si orino porque estoy sopesando la tolerancia a la cerveza y va muy bien, cada vez orino más y me embriago menos, y ya no me pasa como a Woody Allen, que si escucho a Wagner me da por invadir Polonia. Creo que es el acicate lo que da sentido a la vida, ilusión. Me explico: estoy en un bar de mi gusto, tomándome un montadito de queso viejo y jamón, con las dos ineludibles cervezas, y han vuelto a pasar los costaleros de Los Panaderos: “Palante, valientes, que la freidora está a 180º”. Yo me mido en la adversidad, en la mía, la potente, la del sentido de la vida, en la otra, la de por aquí te pillo por aquí te mato, me pillan como los hindúes escuchimizados, débil. Bueno: “Filmax, presenta, unas bragas del 40”. Intermedio.

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