domingo, 29 de marzo de 2015


Hay escritores de una sola obra, magistrales, que lo dicen todo, que son sabios y callan, después. Yo leo poco, tengo mis autores, de mi gusto, en consonancia con los años que voy cumpliendo. Pero soy un lector de un solo libro: Diarios, de Kafka.
Cómo, el tipo enfrentado a sí mismo, no adecuado, desajustado socialmente, me hace sentir cómodo. Es la percepción. Tenemos ojos y cerebro pero ni vemos ni somos sensibles a las mismas cosas. Soy en tres dimensiones, y, sin embargo, en el empedrado de la glorieta circular del parque, me vivo en dos dimensiones, en el escaso relieve de las piedrecitas que pavimentan el suelo.
Me encanta el naturalismo, llevado hasta las últimas consecuencias, pero al contrario de muchas personas, en la elección, el naturalismo, todo lo más, es un pretexto; me acompaña pero no me guía; sucumbo, sí, pero no donde la materia.

Perlas, de los diarios:

Me aislaré de todos, hasta la insensibilización. Me enemistaré con todo el mundo, no hablaré con nadie.

… Soy incapaz de escribir aquí nada decisivo para el recuerdo. Sólo para mantenerse, mi debilidad prefiere que mi torpe cabeza esté vacía y clara, siempre que la confusión se deje oprimir contra los bordes. Pero este estado es para mí preferible a la aglomeración simplemente sorda e incierta, para obtener la liberación de la cual, una liberación por demás insegura, sería preciso un martillo que previamente me partiese en pedazos.

Sentarse en el rincón del tranvía eléctrico, envolviéndose en el abrigo.

La inimaginable tristeza de la mañana. Por la noche, leí El caso jacobsohn. Esta energía para vivir, para decidir, para poner el pie con satisfacción en el lugar preciso. Se sienta en sí mismo, como un diestro remero se sienta en su bote y se sentaría en cualquier bote. Quise escribirle.
En lugar de hacerlo, salí a pasear, borré todos los sentimientos que tenía acumulados en mí mediante una conversación con Haas, a quien encontré; me excitaron las mujeres; después, en casa, me puse a leer La metamorfosis, me parece mala. Puede que esté realmente perdido, volverá la tristeza de esta mañana, no podré resistirla mucho tiempo, me quita toda esperanza. Ni siquiera tengo ganas de llevar un diario, probablemente porque ya faltan en él demasiadas cosas, tal vez porque sólo tuve que describir una y otra vez unas acciones efectuadas a medias, necesariamente a medias, según todas las apariencias, o tal vez porque incluso el escribir contribuye a mi tristeza.

Demasiado tarde. La melancolía de la dulzura y del amor. Que, en el bote, ella me dirigiera su sonrisa. Esto fue lo más hermoso de todo. Sólo el deseo de morir y el hecho de seguir resistiendo todavía, sólo eso es amor.

Observación de ayer. La situación más adecuada para mí: escuchar una conversación entre dos personas que hablan de un asunto que les afecta muy de cerca, en tanto que a mí me concierne de una manera muy remota, que además es completamente ajena a mis propios intereses.

No hay comentarios:

Publicar un comentario