jueves, 12 de marzo de 2015



Dicen que el mundo lo mueve el amor ¿Y qué hay de la frustración? El mundo lo mueve la frustración; aseveración. La Madre, esa hindú, debería, en lugar de repartir abrazos, repartir tortas; a mí no me vendrían mal un par de ellas, aunque tuviese que guardar cola para la segunda ¿Justifica el fin los medios? En algunos casos sí: como con la primera torta aún estas preguntándote de dónde te ha venido, la segunda, al verla venir, te hace ser, o sentir, más conductual, que es de lo que se trata: ser más amable y educado. Me frustra el desamor de las personas, no es que quiera de ellos un masaje Reiki, pero un poco de por favor sí. Bueno, eroticamente estoy  flora, y en fauna, que me coman los gusanos cuando lleguen: es que aquí, en Sevilla, los azahares están soltando efluvios olorosos, y ante esto que se quiten los animales malolientes. Bueno, ya he agitado la frustración, ahora un poco de amor, que de todo ha de haber en esta vida. Por cierto, sueño por un tubo, y poco amor hay en ellos pero sí mucho deseo. Somos flora, somos fauna, somos jauría, somos carnaza. Mi hija me preguntó por la melodía del Himno de la Alegría, y, a continuación, me preguntó que si había un Himno de la Tristeza. Estamos en ello: yo, como he vivido más, haré la letra, ella, por mor de Hegel: La conciencia puede ser dichosa por una de estas dos razones: o porque ha realizado el recorrido de las diversas figuras que conducen a la certeza y a la verdad, o, simplemente, porque es una conciencia ingenua.
Ella, evidentemente, hará la melodía.

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