martes, 10 de marzo de 2015


Cerré el blog porque tenía que devolver unos videos sin más dilación*; lo abro porque he visto una mariposa amarilla.

Cuánta gente vistiendo ropa deportiva por las calles, parece que todo el mundo o va o viene de hacer deporte, la moda sportiva, lo importante es participar. Da la sensación de estar inmerso en una sociedad sana. La composición del ser, el ser sportivo, incluso el terrorista sportivo; el tipo ese del supermercado judío francés, el matarife ese con su uniforme de terrorista, salió de las entrañas del supermercado con una agilidad no humana, de demonio vomitado por la salmodia del tableteo exorcista de las ráfagas de fusilería; pum, tiro de gracia y un angelito negro más.

“El hueco que la obra genial ha dejado al quemar lo que nos rodea es un buen lugar para encender la pequeña luz propia. De ahí la incitación que parte de lo genial, la general incitación que no sólo nos induce a imitar.”*

El domingo me hice una heridilla en el dedo índice de la mano izquierda inflando las ruedas de la bici de mi hija; hoy miro la heridilla, la tierna costra en el centro y los bordes abiertos rezumando: estoy vivo, celularmente, no hay duda.
Han detenido a la marroquí casada con el español que tras una estancia en Marruecos volvió como ausente, ensimismada o enajenada, cambiada en suma. Al poco cogió al hijo de ambos para irse al Estado Islámico. La pillaron en Turquía. Las personas bajo la influencia, sectas, moda sportiva, Podemos con el oro que cagó el moro… Bertrand Russell dijo que el mundo iba como iba porque los ignorantes estaban llenos de certezas y los inteligentes llenos de dudas y que había que interrogarse por todo lo que nos dan por seguro.
Las personas necesitan el pensamiento único para poner el huevo, el huevo áureo que cagó el moro sportivo.
La ingenuidad se pierde y se recupera, se pierde y se recupera; en mi parque, mi microcosmos, David Lynch, en Terciopelo azul, me enseñó que en el césped podía haber si mirábamos con detenimiento una oreja humana siendo alimento de las hormigas, y Malcom Lowry en Bajo el volcán que en algunos céspedes un cartelito avisa: “No deje que sus hijos pisen la hierba.”

*Ver American Psycho
*Franz Kafka, Diarios

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