miércoles, 11 de febrero de 2015


Uno está hecho a casi todo. A casi todo menos a ver mi banco ocupado cuando voy al parque. Todo se me viene encima entonces. Al anciano con perro que siempre se sienta en otro banco le ha pasado lo mismo. Pero él es viejo y ha tirado la toalla y se ha marchado. Yo no. Aún corre sangre caliente por mis venas y he estado al acecho, me adapté como pude a un banco extraño, sin sentirme parte de él, claro está, pero como diría Gloria Gainor sobreviví y finalmente mi banco me acogió cuando se le quitó de encima el intruso, el bárbaro; hasta pone más blandito el hormigón para mí y todo. Somos uña y carne. Bueno, pues ya estoy aquí; todo tiene solución en esta vida, excepto la muerte, salvo que la muerte sea una solución para la vida.

El día de hoy está siendo excepcional en cuanto a influjos positivos, sonrisas por aquí y por allá, en las miradas y en las bocas, incluso un camarero, porque se me colaron y yo estoico y flemático como si nada, como un inglés en Sevilla, dijo: “Esta es la actitud que hay que tener”. Seguro que me echan un cubo de mierda por lo alto y antes que toque un pelo de mi cabeza la mierda se convierte en polvo de oro. Es más, iba a decir que probablemente al ponerme en pie, el huevo de oro que tanto espero estaría sobre el banco, de pie y desafiante como el de Colón, salido del culo que tan bien trata mi tan amado banco, pero he tenido una charla muy gratificante con la dueña de una perrilla, que tiene novio, mi límite, pero que me gusta, así que puse en marcha el mecanismo de la supresión y pude sin conflicto disfrutar de su compañía; hoy comenzamos como de costumbre a charlar sobre los perros para dar el salto a los niños y después a los adultos; es entonces cuando me dijo que era pedagoga. El huevo de oro una vez más brilla por su ausencia pero compensa la amabilidad de los unos con los otros en este mundo cruel pero no despiadado: hace cuatro o cinco días, aquí en el parque, una abeja solitaria se me acercó para anunciarme la venida de la atroz primavera pero ¡no me picó!  

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