sábado, 21 de febrero de 2015



Pierde el control, reza el cartel de las 50 sombras de Grey que inunda las marquesinas de las paradas de autobús de la ciudad. Las adolescentes y las porno mamás estarán contentas, las más intelectuales de ellas cogerán su cráneo, lo colocarán cerca, escupirán sobre él y se abandonarán al frenesí de sensaciones del millonario con la estudiante.
Traidoras a la patria, comandante Iglesias, mariconsonas, hijas de la gusanera del régimen del 78.*
Y ahora, el terror:
Esta sociedad nuestra es hedonista, los procuradores islámicos del terror accederán, vía martirio, al hedonismo post mortem, tendrán en el Paraíso sus 50 sombras de Grey. Grey, rebaño, de un modo u otro.
Y en estas, estoy yo, el pastor de mi lobo. Últimamente saco a mi oveja, la coloco cerca, escupo sobre ella y le doy el cayado al lobo, y este se abandona al regocijo de descubrir la animalidad en la morfología ósea de las humanas, en el viraje animal de la coloración de sus ojos. Frenesí. Los besos soñados son los mejores.
Vlad me habría empalado, Pol Pot me hubiese pegado un tiro en la nuca, y un Rachid malo en estos tiempos, si me atrapa, me quemará vivo o me degollará o ambas cosas y grabará mi terror para consumo externo e interno. Terror.


*Lingua Tertii Imperii, Victor Klemperer

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