lunes, 16 de febrero de 2015




Bueno, me he cruzado en la escalera con la camerunesa y su bebe y la marroquí delgaducha y guapa, estaban las dos acojonadas con la marroquí gorda pero se la han llevado ya a otro piso. Bien. Las quería acuchillar; por lo visto es del Marruecos profundo y es más bruta que un arado, aunque para mí era todo sonrisas. Paz. Les he dicho que tranquilas, que a partir de ahora todo irá mejor. Me adoran. Estoy encantado con la delgaducha, me ha contado que es atleta y que siempre en los cross queda la primera o la segunda pero desde que convive con la gorda asesina queda la cuarta. Admiro a las atletas, y esta en particular es educada y guapa. Todos los vecinos el otro día estaban refugiados en sus casas, es que las gordunas imponen y con esta ligereza con la que tiran de cuchillo estas personas de los tiempos bíblicos se entiende el miedo. Yo, como sabía que hay bebes, fui para arriba al escuchar los gritos y los llantos, y menos mal que lo hice porque como les caigo bien, les cedo el paso y soy delicado con ellas, pues, pienso, digo yo, que respetan mi cuello y hasta que vino la poli más o menos supe llevar la situación ¡Ala, que no Alá, el muerto al hoyo y el vivo al bollo! Qué guapa es la atleta.  

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