viernes, 16 de enero de 2015

Sueño

Una pareja de amigos me llevan a una casa. Una casa donde la gente practica sexo. De repente, en la habitación en la que nos encontramos, agitada por las prisas, entra una mujer en vaqueros con el torso desnudo. Quiere, perentoriamente, comprobar si nos parecemos colocándose frente a mí. Intuyo que su origen proviene de una probeta y que tal vez sea yo el donante del semen. Sin embargo, por su edad, más joven que yo pero no tanto para ser mi hija, deduzco que no lo es ¿Seremos hermanos? Tengo una hermanastra por parte de madre que no conozco, pienso. Ella manifiesta de inmediato que sí, que nos parecemos. Me enamoro. Quiero hablar con ella. Ella parece igualmente receptiva al flechazo, pero un hombre aparece de improviso y ambos con las manos enlazadas se van caminando ignorándome. Siento decepción. Otro hombre rodea su cintura con el brazo y los tres continúan su paseo alejándose de mí. La decepción es aún mayor, terrible.

Estoy en su casa, es hogareña, rezuma vida familiar, me gusta. Tiene hijos pero apenas los entreveo. La contemplo, ahora tiene falda y sus piernas, preciosas, son visibles. Mi amor a simple vista se refuerza, siento que es la mujer más próxima que he visto: así, en su medio, en su hogar. Voy a decirle que estoy separado y ella al unísono conmigo lo expresa también. Está separada. Esto aumenta mi dicha pues abre la posibilidad a la unión. Quiero hablar con ella de nuevo pero me dice que no puede porque ha de aprovechar el día, que tiene muchas cosas que hacer. Siento ante su afirmación que no soy el hombre adecuado, que yo desperdicio mis días. No obstante, la sensación de coincidir con la mujer de mi vida se acrecienta. Es bella, aunque un tanto, no mucho, ajada por la edad, lo que la confiere de una experiencia vital que me es muy grata.

Estamos en las vías de un tren. Sopeso mis fuerzas, huesos y articulaciones y trepo por un pequeño talud bastante inaccesible. Ayudo a la pareja de amigos a subir conmigo ofreciéndoles mi mano. Observo que justo al lado había un paso mucho más accesible por donde pasan otras muchas personas. De todos modos continúo ayudando a otras personas desde el lugar donde me encuentro.

Viene el tren, en la locomotora que lo arrastra hay un ventanuco por donde ella asoma. Me encaramo con dificultad al morro de la locomotora y le digo que no nos hemos dado los teléfonos, lo cual me angustia porque impediría nuestro reencuentro. Ella me dice que mis amigos saben la dirección donde vive. Le digo que bien pero si aparezco por su casa y ella no está...
Seguimos en el tren, ella continúa dentro de la locomotora, asomada por el ventanuco y yo encaramado como puedo al morro de la misma. Me dice, con un volumen bajo de sonido: “Te quiero”. Mi dicha es inconmensurable, le respondo lo mismo, que la quiero. La emoción me desborda y lloro, de alegría.

Parece el fin del trayecto, es extraño porque es un muro y si no quiero ser aplastado tengo que bajarme. Apuro al máximo su compañía pero, al fin, in extremis, me bajo.


¿Es el ánima?, procedente del inconsciente, ¿o es una mujer externa a mí?

En cualquier caso, proceda de donde proceda, quiero encontrar y encontrarme en esa mujer.

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