lunes, 9 de noviembre de 2015


   

viernes, 6 de noviembre de 2015

       

martes, 3 de noviembre de 2015



Ficción (la mejor treta del diablo es hacer creer que no existe)

No creas que no comprendo, también me arrastra el mismo río, veo los mismos cuerpos que tú, flotando en el agua y varados en la orilla. Me preguntas lo que también me pregunto (qué hará Ingrid Bergman tendida en la ribera, sintiéndose y haciéndose la muerta). Creo que toma el sol, no parece que esté muerta, pero tampoco sé la respuesta, sólo ella la sabe. Y tal vez ni ella. Esto no es un sueño, no hay interpretación posible: es como si no estuviéramos.

Ahora que aún estamos navegando, dime, ¿deberíamos arriesgar y lanzarnos al agua?, me atrae el agua. En el agua hay que ser fuerte. Vulnerable.  Me atrae una idea de mí mismo fuerte pero no endurecido. Es un ideal, mi yo superior. Además, de ahogarme endurecido, me ahogaría muerto de miedo; a los fuertes les ocurre que se ahogan sin más: aire, fuego, tierra, agua, enfermedad, vejez y muerte. Sin más. Quiero ser fuerte.

sábado, 24 de octubre de 2015

Sé que un hombre recio puede conmoverse hasta las lágrimas mirando un cuadro vulgar de colores chillones que representa un paisaje. Sé que una canción popular de contenido estereotipado y melodía ramplona puede durante un breve tiempo revivir corazones muertos. Sé que historias que no son más que clichés encadenados conmocionan con su discurso pueril el interior de los seres humanos. Y yo me alejo, y me entretengo mirando sin ver pero esperando, mirando las nubes, el cielo, las hojas y los rostros de personas desconocidas que viven ahora, como yo, en esta tierra, y todo me habla, pero desconozco el código porque tan sólo conozco un lenguaje, que lo más que se aproxima y llega a decir es que todo eso es inefable. Pero sigo esperando. Estoy desmotivado porque carezco de los órganos receptores que descodifican estos mensajes. Tampoco me siento cerca de los seres que yo denomino “culturales”; los veo lejos, en sus burbujas. Tiré la toalla y soy lo que se dice un holgazán. Aunque tengo un reflejo más rápido que un acelerador de partículas que me impele a agacharme y recoger la toalla en un visto y no visto cuando en unos y en otros siento algo que comparto: la emoción.    

viernes, 23 de octubre de 2015




Un grupo de palomas, 16, posadas en la estructura descubierta del toldo de una azotea; llega la número 17, la admiten sin sobresaltos.
El consuelo proviene del otro, una engañifa más a sumar, la atención, el reconocimiento, la empatía del otro. El conforte del otro. Siempre el otro. La búsqueda de interlocutores que nos digan lo que queremos oír. Esto es un páramo, ya no quedan palomas en la estructura pero mi mente quisiera percibir sus espectros ¿Mi fascinación por los eccehomos y el resto de los ecceseresvivos de dónde procede? ¿Conjurar el miedo a la muerte tras una vida espectral?

En la tele, en un documental sobre el barrio marginal sevillano de Torreblanca, una mujer consumida por las drogas, esquelética, infrahumana, dio unas volteretas ante la cámara, saludo a su padre, le dijo que lo quería y exclamó: “¡Viva el deporte!” Antes refirió que había hecho gimnasia deportiva en el pasado. Aún tenía luz en la mirada.


miércoles, 21 de octubre de 2015




La basura mental orbita en torno al cerebro, quisiera librarme de ella pero en gran parte conforma lo que soy; todavía la considero didáctica, siempre y cuando logre deshacerme de ella: conócete a ti mismo y ten el fuelle para renacer: expulsa la materia fecal de las vías respiratorias y oxigénate, me digo.

“Yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí, yo los claustros escalé y en todas partes dejé memoria amarga de mí.”

Y también me caí.

La metáfora del ángel caído se materializó, pero en zafio, como Francis Bacon manda; muy de mi gusto cultural, soy un judeocristiano con pretensiones e inmerso, por lo que se ve, en lo cárnico.

jueves, 8 de octubre de 2015

Me gustaría comer sano, no comer carne y cepillarme más a menudo los dientes, pero mi organismo es cuartelero, los bocados sofisticados me saben insustanciales y cuando llueve huelo a perro mojado. No me disgusta. Salvo porque hay que echarme de comer aparte.
He dejado de ir al parque de Seurat, con su gente tan lejana de finales del 19. Por tanto también he dejado de ir a mi parque: ya no lo idealizo.
Me viene a la cabeza un sillón burgués con estampado de Matisse. Qué sería de la difusión cultural sin la burguesía. A esa gente de Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte le debemos que rodearse de un entorno bello se pueda comprar; al menos en los mejores tiempos del capitalismo para con los trabajadores.
Siempre nos quedarán los chinos, ya no hay marcha atrás. Mañana, el ejército rojo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Me pruebo las máscaras, una tras otra; consciente, místico unas veces y cínico y con la sangre negra y espesa otras. También lo hago de manera inconsciente, pero de eso sé muy poco y lo paradójico es que son las artesanales, no maderas donde agarrarse naufrago en la mar, sino pequeñas islas que uno hace como las termitas, granos de arena recopilados en la vida y pegados con baba. Al menos uno se puede poner de pie en toda su incompetencia en la isla. Y tratar de hacer algo. Es muy difícil equilibrar todo eso que hay en la mente con el resto del cuerpo. Miro arriba, miro abajo, pero, cobarde, no miro al frente ¿Para cuándo la limpieza?: para cuando deje de beber definitivamente. Si es que llega, la limpieza.

sábado, 3 de octubre de 2015

jueves, 24 de septiembre de 2015

Me quedo con esta.


 

martes, 22 de septiembre de 2015

Sinéad O'Connor y Miley Cyrus (le gusta a mi hija)
La identidad femenina abriéndose paso como un inicio de partida pendiente. Los hombres, aquí al menos en España, dejándose la barba; rezagados.


viernes, 11 de septiembre de 2015

sábado, 29 de agosto de 2015

Estoy como México, lejos de Dios. Imagino a San Juan de la Cruz arrobado, en el lugar que para estar hay que perderse ¿Y qué mira? La Forma. La representación de su dios, un cuerpo humano y divino maltratado, física y moralmente crucificado; ha accedido; la materia excelente del místico le permite hacer vibrar sus moléculas y conducirse en lo paradójico emulando a su dios; el gato está vivo y muerto, el punto donde se produce el encuentro de la ciencia y la gnosis de toda índole, en esos raros momentos de éxtasis, está a su alcance; el lugar sensorial del misterio; y de lo desconocido, para la ciencia, ávida. Yo estoy en México y sólo me separa de los Estados Unidos el muro: yo. Mi arrobo es grosero, es genital, pero si pudiera describir la altura que alcanzo, si hubiese contexto para ello.
El burro está en el aire, quiere pisar el firme y sus patas se agitan a 1 metro del suelo, luego cree que eso es altura y que el contexto es lo paradójico.  
      

domingo, 26 de julio de 2015

Procuro sobrellevar callado, y con miradas a ambas de apoyo mesurado, mi posición en el fuego cruzado entre la abuela y la nieta. Anoche hablé por teléfono con mi amigo el vasco, y entre otras cosas, hablamos de El libro tibetano de los muertos; el estado intermedio entre la muerte y una nueva existencia y los diferentes tránsitos o bardos por los que hay que pasar. Son estados psicológicos o de la mente, encrucijadas que requieren para su resolución de una comprensión, tan formidable como la consciencia de la que dimana, que despeje lo ilusorio. Vidas y vidas pues.
Como me tensa la relación de ambas, lo abordaré como un estado psicológico en el que inevitablemente me veo envuelto, e intentaré no ceder a una liberación de la tensión condescendiente, sino lúcida, sea cual sea esta; prácticas para cuando me vea realmente conmigo mismo y descorra los velos que me han tapado en esta vida, sin cogerlos para enjugar mis lágrimas o sonarme los mocos ¿Aprovecho o no las lecturas y las conversaciones?
El caso es que tomo partido por la abuela, cada una me cuenta lo que está pasando con la otra, puede que la anciana sea obstinada y unas veces, como ella misma reconoce, su cabeza está arriba y otras abajo, pero no pierde el control y no falta el respeto a su nieta; sin embargo, la nieta, sí lo hace; es brusca y la trata en ocasiones como si ya no perteneciese al mundo de los vivos. La expulsa. Quitándole, con esa brusquedad y perdida de control, un aparejo de la silla de ruedas, le dio un viaje en el pie que le ocasionó una inflamación que habría podido evitarse si el trato hubiese sido otro.
Hay un hombre que frecuenta el parque con su perra que ha estado muy enfermo, hospitalizado con unas fiebres altísimas sin que hayan podido diagnosticar la causa; las fiebres cesaron y ahora está ya en su casa, aunque sigue haciéndose pruebas. Es un hombre bueno y me cae bien. Yo le presenté a Divina, y mientras yo hablaba con otra persona, él estuvo hablando con ella. La segunda vez que la vio, le dio la mano y posó la otra en su hombro saludándola; fue más que afectuoso: cariñoso. Me llegó el trato que le dispensaba: empático y con una naturalidad y solidaridad profundas. Están vivos; vivos de verdad.

jueves, 23 de julio de 2015

Qué cuqui queda, al mencionar a alguien de relieve, utilizar el nombre de pila en lugar del apellido. «Conozco a Fiódor (Dosstoyevski) desde que leí Memorias del subsuelo.» Bueno, no es un buen ejemplo, porque está muerto desde hace... demasiado tiempo y en estas estafillas, para que el embaucamiento haga mella en las almas cándidas, no hay que perder de vista del todo la verosimilitud. Mejor alguien muerto recientemente o que aún esté vivo y coleando. Yo, personalmente, tenía debilidad por Carlos Jesús; como se dice hoy en día, era el amo. Y no sólo por ser la reencarnación de Jesucristo, sin quitarle merito a la cosa, sino porque, a pesar de vivir en Dos hermanas, Sevilla, donde curaba por la fe, llevaba una vida paralela en Raticulín. Qué pillastre. Una gran persona y mejor marciano. Y era muy apañado; aquí, en el planeta Tierra, se desdoblaba en Micael y en Cristofer, mi preferido, el encargado del mantenimiento de las naves espaciales.

Es cierto que Pablo Iglesias conoce a Alexis Tsipras, pero ese afán suyo por llamarlo Alexis, en público, una y otra vez, es un tanto sospechoso. Sobre todo porque todos vimos como su Alexis ni lo miró cuando entró en la Eurocámara, y eso que Iglesias se esforzó desde su posición, alargando el brazo, para tocar al prota del momento. Alexis, su Alexis, ni lo miró ni le devolvió el saludo. Ya estaba el griego preparando la cucamona y no quería contacto con el revolucionario español. Ha salido rana Alexis. Todavía lo justifica Iglesias, de terrorismo financiero inadmisible, en horas pasó a contradecirse para justificarlo en el giro radical que dio el griego al presentar su plan de reformas; y es que si no, era la catástrofe, dijo el español repitiendo como un lorito la justificación que dio el primer ministro de Grecia a su pueblo. A Pablo Iglesias, cuando mencioné en el futuro a su Alexis, no le va a quedar más remedio que nombrarlo por el apellido. Distancia; ya no será cuqui llamarlo Alexis. Je Je.


Para que quede claro, estoy encantado con la irrupción de Podemos. Aunque no los voté.

lunes, 20 de julio de 2015

Divina Pastora es el nombre de una anciana que frecuenta el parque. Tiene 95 años y la mente lúcida. Lleva un año en silla de ruedas; una mañana, al incorporarse de la cama, uno de sus fémures no pudo soportar el peso de su cuerpo y se rompió por dos sitios. Es originaria de Barcelona, y aunque vino a Sevilla cuando tenía treinta años, todavía mantiene un marcado acento de su tierra natal. Muere con mi perrita, le toca las tetitas: «¡Ay Lola, ¿quieres que te toque las tetitas?» Y cuando Lola la requiere con la patita para que continúe acariciándola, ella exclama: «¡Hay que verlo, hay que verlo!» Yo la llamo Divina y ella me llama mi amigo M.
Divina viene al parque acompañada de su nieta de 41 años, que empuja la silla, y de un perro enorme, un cruce de mastín, de aspecto primitivo, tal como yo imagino al perro de Ulises, Argos. Un perro para las campañas cruentas de cuerpo a cuerpo de los Antiguos.
S., su nieta, vino de Madrid para cuidarla. Antes, Divina, vivía sola. Es una mujer muy enérgica y va aceptando su postración y dependencia. Me ha hablado de su vida, sus padres tenían atracciones e iban de feria en feria por toda España. Dejó de ir al colegio con 15 años. Ya residiendo en Sevilla, con el pequeño horno de la cocina de su casa, comenzó a asar frutos secos, se hizo con un maletín y preparó un muestrario con el que visitaba los diferentes establecimientos de alimentación. Llegó a abastecer a la prestigiosa confitería La Campana y a El Corte Inglés. Conserva un envoltorio de plástico de esa época en su cartera. Frutos secos La Divina.
Hace dos días me contó, casi en confesión, que todo se lo había tragado y que seguía tragándoselo todo. Que nunca había podido desahogarse y hablar. Tampoco con sus hijos ni con sus nietos. Y que esto era malo. Como una olla a presión, le dije yo. Nos interrumpieron, y callamos.

Bueno, por fin encontré un pisito adecuado (250 euros). Lo he señalizado y en agosto firmo el contrato y me piro Sapiro. Nuestra vida.

Me voy al parque, hay españolas jóvenes, maduras y viejas; alguna con marcadas tendencias adulteras; hay dos rusas, hermanas, una muy bella, con una pastora alemana y una bodeguera. Los hombres..., bueno, salvo a tres de ellos, no los frecuento. Son como un ruido blanco pero molesto: coches, fútbol, y leches de ese tipo.

sábado, 11 de julio de 2015

 Sería deseable, dado que mi padre hace unos días decidió unilateralmente que omitiese el tratamiento de padre en nuestros escasísimos contactos verbales, que progresivamente, día a día, se produjese un crecimiento exponencial en este sentido; de manera que si un lunes por la mañana podría aún decirle buenos días, sin decir buenos días padre, pero sabiendo que lo es; un martes, al señor anciano que me encontraría en el salón al salir de mi cuarto, le daría los buenos días sin tan siquiera detenerme en la consideración de quién es, porque vagamente me recordaría a mi progenitor y por tanto todavía existiría la probabilidad de que lo fuera. El miércoles, el señor estaría sentado en el sofá del salón, pero se asemejaría a una expresión espiritual primitiva, con una factura técnica de pintura escupida o soplada;  lo vería aún como a un ancestro, aunque ni remotamente como mi progenitor, puesto que a esas alturas de la semana, el efecto difuso en la mente del borrado de la memoria estaría dando ya sus benéficos frutos. No obstante, al ser una representación figurativa antropomórfica, le daría los buenos días. El jueves advertiría con sorpresa la ausencia del anciano en el sofá; sin embargo, al poco, me preguntaría por qué me había sorprendido, por qué habría de haber un anciano en el sofá. No habría buenos días ese día porque no habría ni expresión ni espectro humano para recibirlos. El viernes, día de limpieza, todos los residuos venenosos de ácido bórico para las cucarachas, por aquí y por allá, a la basura; entraría en un dormitorio y sobre la cama, agitándose, un  ser espantoso, una enorme cucaracha. 
Echando mano de la literatura, le diría: «Buenos días Gregorio Samsa, como ves, lo que no mata, engorda»   

  Con las lecturas literarias o el cine pasa eso, que uno cree que la realidad es otra, que la vida puede ser como en las novelas o en las películas; que siempre nos queda el factor estético, incluso en lo trágico . Yo no lo creo. Ser indulgentes, finalmente es una burbuja inocua y me lo he pasado bien.

jueves, 9 de julio de 2015


He visto a S. esta mañana cuando me dirigía a la compra. Al verme me dijo que justamente estaba pensando en mí, cuando me ha visto aparecer. Yo la salude sin dar importancia a lo que había dicho y ella volvió a repetírmelo. Sonreí. Muchos queremos ver designios superiores. Divinos, Jungianos o de destino... No sé. El último designio mío: hace un par de semanas, Lola, la perrita, y yo, sentados en un banco del parque. Le dije a Lola: “Mi fiel compañera de viaje.”, y la acaricié. Cuando deje de hacerlo, miré al suelo y leí escrito en él lo siguiente: “ BUEN VIAJE”. La frase estaba escrita con spray negro, era muy grande y la tenía justamente a mis pies pero no la había leído hasta ese momento. No sé, ¿construcciones?, la mente percibe los círculos cerrados aunque éstos no lo estén.

Me he encontrado por la calle, mientras paseaba a la perra, con Sara. No se llama Sara pero hace como el cocinero de un bar cercano, que se llama Hamed y al que todos llaman Jaime, lo deja correr. Iba a la mezquita, a reunirse con los suyos y a comer en compañía, porque están en Ramadán. Sara vive en el ático, un piso con tres habitaciones, cuando lo alquiló me ofreció compartirlo conmigo y con mi hija, pero yo no quise, entonces le ofreció una habitación a L., otro atleta. Le vi algunas cosas a S. que no me gustaron y dejé de desearla, esto me pasa siempre, indefectiblemente; pero menos aún, deseándola, iba a vivir con ella y con mi hija. Sara y yo nos llevamos bien pero al ir conociéndola vi esas cosas y ya no... Ella se me hizo pesada, todos los días reclamándome para algo, para que subiese a su casa, y yo, salvo excepciones, me escaqueaba; me invitaba a ir con ella a la casa de sus padres en Marruecos un día sí y otro también... Un día, incluso, dio un avance más explicito, pero yo mantuve el tipo, peino canas. La cosa se relajó. Ahora, al comentarle que voy a coger un piso o un estudio, me ha ofrecido la habitación sobrante, y le he dicho que no, que quiero vivir solamente con mi hija. A mediados de Julio se va a Marruecos y me ha vuelto a invitar a la casa de sus padres para pasar la quincena, o el mes de agosto con mi hija, que me vendría muy bien viajar. Le he dicho que no, que estoy con lo del piso y que yo soy muy pasivo pero que ahora había llegado el momento. Me va a dar las llaves de su casa para que pueda estar a mi aire allí, esté o no en casa de mi padre, mientras encuentro el piso, que la casa va a estar cerrada mes y medio. Le he dicho que no pero ha insistido y ha dicho que me las dejará de todas formas. Luego me ha pedido que la acompañase a la mezquita, pero le he dicho que no estaba de ánimo. Quería darme un libro de su religión en otra ocasión para que lo lea sin más y me informe. Le he dicho que no estaba de ánimo tampoco para eso, que mi cabeza está en lo del piso. Nos hemos despedido, y mañana, dijo, pasará a verme. Agradezco su apoyo. Pero relajado.

miércoles, 8 de julio de 2015


Calor. Canto de chicharras. Apenas puedo comer; adelgazo.
Muy difícil encontrar un piso con mi presupuesto; en el peor de los casos será un estudio.
Estoy en mi habitación, escucho el canturreo de mi padre fuera, para hacerse notar. Se va del salón, para poner más veneno o jugar al Candy Crush en su ordenador.Y aprovecho para abrir la puerta; que corra un mínimo de aire.
Recuerda que eres mortal”, me dice la habitación con sus grietas, desconchones, emplastes y la pintura ocre de hace años. Lo más moderno, un póster de El gran dictador de Chaplin, con el dictador cruzado de brazos, parapetado tras unos micrófonos, desafiante y con la mirada alienada de un perturbado. Lo deje al ocupar la habitación. Quité otro póster al cabo de un tiempo: La muerte tenía un precio.
Valor y precio, tema recurrente en las conversaciones con mi hija, coincidimos ambos con el punto de vista de Antonio machado.
Hasta que quité el póster, por muchas explicaciones que le daba sobre lo que daba a entender para mí el título de la película, no quedaba satisfecha. Quité el póster, que me agobiaba por otra parte, y cesaron sus inteligentes e interminables pegas.
Ayer, en la calle, un loco, con los ojos cerrados y voz quejumbrosa, se lamentaba: “¡Déjame! ¡Déjame!” Una persona dijo -la temperatura superaba los 40º-: “ Ya está aquí la caló.” El loco dio un respingo, se irguió, apretó los puños y gritó: “¡Ande la caló!” La persona contestó: “Allá arriba.” El loco calló, miró arriba, cerró los ojos y se sumió de nuevo en su dolor, su compañía.
Calor, canto de chicharras. Llevo 5 días sin apenas comer. Hoy me he hecho un gazpacho y un batido de plátanos. No quiero perder mucho peso, para dar mejor imagen cuando tenga que visitar los pisos.

martes, 7 de julio de 2015


Cómo no justificarme. Borré ayer noche un post de destilería, rabioso, de animal acorralado; pero, desgraciadamente, queda reflejado en el google reader.
Lo escribí después de hablar con el novio de una de mis sobrinas, le escandaliza cómo mi familia me pone verde y eso que apenas trato con ellos; me contó cosas que me han hecho daño, falsas y de merienda de negros. Le escandaliza que se sientan bien así. Mi padre se junta con ellos los lunes y dale que te pego. Este demonio menor fumiga cada dos por tres -con las temperaturas actuales es tremendo- y ha puesto veneno, ácido bórico, por toda la casa, ¡incluso en la alacena! Todo esto es más que alegórico
Mi hermano ha estado unos días por aquí. Estuvo en un parque con mi hija, unas amigas suyas y yo. Lo primero que les dice a las niñas: “Sabéis, mi hermano era muy guapo de niño: rubio platino, ojos azules y todo eso... Así que la gente decía: ¡Oh, que niño más guapo! Y luego a mí: Tú también eres guapo...” Lo verdaderamente inquietante fue el tonillo que usó.
El ambiente es muy nocivo, hay muchas, pero muchas cosas del pasado entre mi padre y yo; muy oscuras. Su mirada es casi la de un loco; odio. Mi hija está conmigo una semana, y otra con su madre. Mi padre no nos habla, sólo buenos días, buenas noches. Apaga la luz, la tele, dice que tiene problemas con su ordenador porque conectamos la wifi..., y eso que pago todo, piso, luz, gas, a medias. Las comidas cada uno las hace por su cuenta. Mi ex me va a ayudar un poco económicamente y en agosto, espero, mi hija y yo nos iremos a un piso pequeñito.

viernes, 3 de julio de 2015

La sexualidad del borrico


Retomo la sexualidad de mis años mozos, distanciado como entonces en cuanto a llevarla a cabo; pero es más intensa, en tanto que la edad no sólo me demanda el desfogue del animal, del asno en mi caso, al que conseguía dar satisfacción por aquel entonces sacando a la luz un mamporrero diligente mediante la embriaguez; no quiero ser pedante pero el cuerpo me pide en la actualidad un desfogue espiritual también, o por decirlo más científicamente, un desfogue a la par de mi reservorio psíquico. Conclusión: no soy practicante pero tengo una sexualidad muy intensa con algunas mujeres que conozco; ellas, por supuesto, no lo saben, salvo un par con las que he sido un poco más explicito porque intuí que también les excitaba esta cuerda por sus propios motivos.
Hay dos mujeres que amaría como si me fuese en ello la vida, pero están casadas y tienen hijos, con ellas me es imposible pensar algo que no sean besos y abrazos intensos. Nunca lo sabrán.

lunes, 29 de junio de 2015


No me gustan los regalos, tengo atrofiado el sentido de la propiedad, esto no obedece a un mérito -porque lo considero un mérito- innato, de un espíritu aquilatado, es reactivo. Después del internado, al comenzar a vivir con mi padre, éste me echaba en cara desde la comida que ingería hasta la luz de una bombilla que encendía para leer. Se inició un proceso ético doloroso, propiciado por un pinche tirano mediocre pero muy dañino, al ser tristemente también el progenitor. Mi amigo el vasco me ha descubierto la importancia de la figura del pinche tirano en Castaneda. Yo tengo mis reservas, demasiado dolor, aunque, finalmente, es un consuelo: da un sentido al caos: no envilecerse demasiado.
El sentimiento ambivalente de acarrearme, y hasta el final, esté donde esté, el desprecio que me produce mi incapacidad y el bienestar que me produce mi aislamiento, la sensación recurrente de que me zafo, que no me atrapan, siempre por los pelos.
Mi hija me ha hecho el mejor regalo que he recibido en mi vida, un relato ilustrado por mi cumpleaños. La portada: un sol arriba, un camino de tierra muy clara, de albero o de luz en el medio, con nuestras figuras juntas de cuerpo entero en él, y abajo, también juntos, los retrato de nuestras caras. El titulo: Nuestra vida
Un salto generacional y la reconciliación con los regalos. Con este tipo de regalos.

domingo, 14 de junio de 2015



Del parque:

M. ella y M. él, ambos con perro; y el encuentro, en el parque. Se enlazan, se besan, olor a fluidos gaseosos penetrantes en el parque, untuosos, llamadas sexuales urgentes del reino vegetal, en el aire, que se cuelan por los orificios nasales y llegan al cerebro, llamando... “Nos vamos a tomar un refresco, M.” -porque la inicial de mi nombre también es M.-, me dice él al pasar por mi banco.

Tres, cuatro días, el semblante de él grave, un charco triste de fondo, sin llegar a lago o a mar.

Cinco, seis días; ella, en un banco; él, alejado, en otro. Los observo, no se saludan, cuando por mor de los perros se cruzan.

Siete, ocho días; yo en un banco; ella se aproxima; se sienta. Hablamos de los tiempos que corren, de la corrupción, del tipo ese transformado ahora en hippy que decía a los medios que era un adicto del dinero, que todos lo hacían...

¡Oh, sociedad hedonista!”, era mi queja, a la que ella se sumaba. De repente, una llamada a su móvil:“Sí cariño ¿Cuándo llegas? Te quiero amor. Hasta luego J.” Cuelga, e inmediatamente, mirándome fijamente a los ojos, me espeta: Seríamos tontos por no poner los cuernos” Yo no daba crédito. “No lo creo”, y solté un sermoncillo de los que soy tan afecto.

Pasaron unos días y volvió al parque, se sentó junto a mí en el banco y hablamos de su hijo, que le da problemas, que vive sola con él y que la maltrata. Me contó que estaba separada pero que tiene pareja desde hace cuatro años. Sí, ese pobre llamado J.

domingo, 24 de mayo de 2015

Vuelvo a mi agujero, al agujero mental que se constituye en el pupario donde persisto no sólo en sobrevivir, sino también en obtener la recompensa, la ilusión que a pesar de todo nunca me ha abandonado de crecer. Vuelvo al blog, y como le dijo un indio a James Stewar en una del Oeste: “Los blancos hablan con las palabras y no con el corazón”, con la pretensión de no hablar como los blancos. Tarea difícil pues todo se convierte, bien lo sé, en moneda de cambio; aun para con uno mismo. Renuncio incluso al sustento vital que me proporcionaba esta estrofa de consciente artificiosidad de Valle en La marquesa Rosalinda, que  mitigaba mi escepticismo impidiendo que degenerase en cinismo: “Y sollocen otros poetas / sobre los cuernos de la lira, / con el ritmo de las piruetas / yo rimo mi bella mentira.”. Amén.
Durante apenas cinco minutos ha descargado una tormenta de verano -muy apropiada mientras escribía este manifiesto-, que el viento arrample con todo, y que la lluvia, en espera del fuego, purifique el tejido muerto.
Quería continuar pero he intentado arreglar un neón y la he jodido: he dejado el salón a oscuras. Muy apropiado. Apago.

sábado, 4 de abril de 2015


Novedades: el japonés da masajes, para las malas posturas, sobre todo su clientela son músicos; su mujer, fue bailarina; la madre de su mujer, una inglesa encantadora, supervieja, es, ahora, profesora de inglés, vive en Lebrija, antes fue periodista y ¡actriz! Algún día haremos Quién teme a Virginia Woolf ambos, es mi fantasía. Son budistas: me lo imaginaba; yo, aun siendo judío cristiano protestante, lo mejor de mí es budista. Nos caemos bien. Y luego está M., la cieguita. He encontrado mi familia y otros animales, adoran a mi hija y hemos sido invitados a Lebrija con la inglesa anciana extravagante.

viernes, 3 de abril de 2015


Caí en la cuenta, viajar en el tiempo es un hecho, todos lo hacemos si cumplimos los años, aunque el viajero del tiempo ideal es un niño. Me recordé. Fui a ver pasos, en la Madrugá, no vi ni uno, nazarenos sí, interminables. Me metí en el Fun Club, y puse mi culo encima del careto de John Lennon ¡Joder, son unos mitómanos!: los taburetes, las paredes, la Patti Smith, el Jim Morrison, éste, el otro y la otra, todos medio babis, jovenzuelos. Pero ¡hostia!, si la mayoría está criando malvas  y los pocos que quedan están viejunos. Mitómanos. Luego, observé. Cuando hace años vi a la Victoria Beckham poner morritos posando, pensé que era tan ridículo que a todo dios le parecería grotesco. Me equivoqué; hoy en día todo dios se hace fotos, a mansalva, y como la Beckham, posando guapitos. Desisto de seguir viajando en el tiempo.

domingo, 29 de marzo de 2015


Hay escritores de una sola obra, magistrales, que lo dicen todo, que son sabios y callan, después. Yo leo poco, tengo mis autores, de mi gusto, en consonancia con los años que voy cumpliendo. Pero soy un lector de un solo libro: Diarios, de Kafka.
Cómo, el tipo enfrentado a sí mismo, no adecuado, desajustado socialmente, me hace sentir cómodo. Es la percepción. Tenemos ojos y cerebro pero ni vemos ni somos sensibles a las mismas cosas. Soy en tres dimensiones, y, sin embargo, en el empedrado de la glorieta circular del parque, me vivo en dos dimensiones, en el escaso relieve de las piedrecitas que pavimentan el suelo.
Me encanta el naturalismo, llevado hasta las últimas consecuencias, pero al contrario de muchas personas, en la elección, el naturalismo, todo lo más, es un pretexto; me acompaña pero no me guía; sucumbo, sí, pero no donde la materia.

Perlas, de los diarios:

Me aislaré de todos, hasta la insensibilización. Me enemistaré con todo el mundo, no hablaré con nadie.

… Soy incapaz de escribir aquí nada decisivo para el recuerdo. Sólo para mantenerse, mi debilidad prefiere que mi torpe cabeza esté vacía y clara, siempre que la confusión se deje oprimir contra los bordes. Pero este estado es para mí preferible a la aglomeración simplemente sorda e incierta, para obtener la liberación de la cual, una liberación por demás insegura, sería preciso un martillo que previamente me partiese en pedazos.

Sentarse en el rincón del tranvía eléctrico, envolviéndose en el abrigo.

La inimaginable tristeza de la mañana. Por la noche, leí El caso jacobsohn. Esta energía para vivir, para decidir, para poner el pie con satisfacción en el lugar preciso. Se sienta en sí mismo, como un diestro remero se sienta en su bote y se sentaría en cualquier bote. Quise escribirle.
En lugar de hacerlo, salí a pasear, borré todos los sentimientos que tenía acumulados en mí mediante una conversación con Haas, a quien encontré; me excitaron las mujeres; después, en casa, me puse a leer La metamorfosis, me parece mala. Puede que esté realmente perdido, volverá la tristeza de esta mañana, no podré resistirla mucho tiempo, me quita toda esperanza. Ni siquiera tengo ganas de llevar un diario, probablemente porque ya faltan en él demasiadas cosas, tal vez porque sólo tuve que describir una y otra vez unas acciones efectuadas a medias, necesariamente a medias, según todas las apariencias, o tal vez porque incluso el escribir contribuye a mi tristeza.

Demasiado tarde. La melancolía de la dulzura y del amor. Que, en el bote, ella me dirigiera su sonrisa. Esto fue lo más hermoso de todo. Sólo el deseo de morir y el hecho de seguir resistiendo todavía, sólo eso es amor.

Observación de ayer. La situación más adecuada para mí: escuchar una conversación entre dos personas que hablan de un asunto que les afecta muy de cerca, en tanto que a mí me concierne de una manera muy remota, que además es completamente ajena a mis propios intereses.

sábado, 28 de marzo de 2015


Lo ha vuelto a hacer, ha fumigado con nocturnidad y alevosía. Lo vi raro, al salir de mi habitación para orinar, a las 23’30, sentado en el sofá, mirando la tele sin verla, la mirada fija, perdida en un solo punto de sus adentros; mirada de loco; se podía apreciar en ella la batalla interior, perdida, de un perturbado. Volví de orinar, y antes de meterme en mi habitación le dije hasta luego; hasta luego, contestó catatónico ¿Cómo no supe ver que lo iba a hacer de nuevo? Ya de madrugada, salí de nuevo de la habitación, el olor era de arma de destrucción masiva, las ventanas cerradas, la muerte de procedencia química enseñoreándose de la casa. Qué metafórico todo; pasarán algunos años hasta que pueda reírme, distanciado; si sobrevivo al energúmeno.
Quedé con él que lo haría esta mañana y que yo me iría con la perra unas horas fuera. Pero no, el bicho ha vuelto a hacer de las suyas con sus pares, a los que tanto teme, por la noche.

Ahora estoy en el parque, porque para rematar a todo bicho viviente, ha vuelto a fumigar esta mañana. Espero que el parque nos oxigene a Lola y a mí de la tos y del malestar ¡Que tengamos que vivir los judíos estas voluntades de goyim, coño! Qué quieren estos hijos de puta, destetarnos con zyclon B, o que muramos como las cucarachas aun siendo mamíferos.

jueves, 26 de marzo de 2015

Pisoteado en el suelo de la calle, lo he encontrado ¿Qué, no es sincronicidad? Y sin bola, él es el que ha vuelto.


miércoles, 25 de marzo de 2015


Sincronicidad jungiana, la simultaneidad recae ahora en las abogadas: una, pequeña, atleta, patinadora y nadadora y muy femenina; la otra, grande, fondona y muy femenina. El amor de María y el de Dolores. Acompañé, porque me lo pidió, a la primera a su casa, desde el parque, de dónde si no, y al final me dijo que estaba embarazada de dos o tres meses, no recuerdo bien; le di la enhorabuena, como si fuese mío. Mujeres profesionales, se les pasa el arroz y se quedan… La segunda es la venus de la que hablé en una ocasión, la de la bici y el dálmata, ya no ejerce, qué habrá hecho, o una baja, de esas perdurables… Nos vemos, me dijo; en el parque, me digo yo. Ya no me pasará cosa alguna que no suceda en el parque.

Pedro reyes ha muerto, de un infarto, tenía mi edad, en los ochenta lo veía en la Alameda de Hércules, en la calle, con Pablo Carbonell haciendo pantomimas por la voluntad.

lunes, 23 de marzo de 2015


Años ha que escucho en las pelis y series estadounidenses la categórica división antagónica entre dos tipos de personas: los ganadores y los perdedores. Esta selección natural darwiniana ha permeado en la sociedad española, y, supongo que, globalizados como estamos, en casi todo el planeta. Últimamente lo he escuchado en la boca de Pedro Sánchez, al descabezar a Tomás Gómez, y en la de Juan Manuel Moreno. Afortunadamente la raigambre decimonónica de la gelatina que me envuelve y protege se nutre del mundo galdosiano; dejo hablar a don Lope: “…Porque él era el débil y había que protegerlo. La policía representa la fuerza, y los hombres como yo siempre defienden al débil. Sea quien sea, y esté en la situación en que esté.”

Hay un piso en Sevilla, donde conviven dos perdedores… Uno votó al PP y otro a IU.
 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Íntimamente, desde que recuerdo, he tenido la convicción de que el fracaso in extenso, la verdad que aporta el dolor en su pluralidad, era la escuela esencial para el ser humano, y de que el éxito musculaba parte de él, la parte menos esencial, la que debía regar menos, aun manteniéndola por mero didactismo contrastivo. Hubiese, por ejemplo, preferido tener una charla con el Saddam Hussein del yo reducido, reducido él, que con el que enarbolaba la escopeta árabe. Fue valiente al final, con la soga al cuello, abroncando a esos testigos presenciales del ahorcamiento, que grabaron su ejecución y le insultaron mientras se llevaba a cabo; un poco más de dolor no les vendría mal a esos hijos de puta, para erradicar la crueldad en su existencia para con otro hijo de puta. Creo que el dolor, si no se sabe asimilar, genera personas dañinas, pero si se sabe asimilar, estas personas son la compañía de charla idónea de una mesa camilla. Lo menos es más.

domingo, 15 de marzo de 2015




Tenía que escribir algo, pero se me ha olvidado; sí, creo recordar; sí, recuerdo… Sterling Hayden en Novecento, tenía yo unos 15 años, su rostro surcado de arrugas sabias me marcó, quería, de mayor, parecerme a él. Bueno, pues me parezco a él en el dorso de las manos. Avejentadas, las miro mucho, el Homo sapiens sin manos… Pero últimamente miro las palmas, porque, como ahorro en filtros para beber litronas, tengo nuevamente las yemas de los dedos índice, corazón y pulgar impregnadas de nicotina: estéticamente es un desastre, y pulmonar y bronquialmente la caduta degli dei. A ver si mejora mi economía y con ella la estética y la salud. Estoy en el parque casi en  déshabillé, con una camisa blanca de verano. Ya no me atrevo a acercarme a la cieguita, la acaparan el-japonés-que-corre-con-su-perro-sujeto-por-la-correa y su mujer. Personas que conocen el neologismo zenitud. Yo no estoy zen.

sábado, 14 de marzo de 2015

jueves, 12 de marzo de 2015


Escribo tumbado, con la maligna intención, no del todo firme puesto que he cambiado la orientación del cuaderno y del boli para que esto no  ocurra, de que el flujo de tinta se interrumpa y que el conato de dar sentido a las palabras se quede en aguas de borrajas como ha de ser pero no es. Así que continúo: si Sara quisiera me casaría con ella y mejoraríamos la raza. Tiene ese algo misterioso al que cantaba La Mode, y yo necesito reposo y confianza. Además, a más de atleta es mora y se lleva bien con Lola. Pero he ido en autobús a recoger a mi hija y he entablado conversación con una lectora que saludó a una madre y su hija subnormal, es su profesora, no pude resistirme y le pregunté por el título del libro que leía: Palmeras en la nieve. “Caramba, no lo conozco”. “Es el primer libro que ha escrito ella”, dijo ella. También dijo cómo echaba en falta a las personas como yo que comunicaban fácilmente. Le dije que era refractario a la ficción y me dijo que había pasado por muchas cosas, entre ellas la muerte de su hija con 16 años. Hablamos del presente, del sentido inmediato de la vida de los subnormales y de los anormales, donde me incluyo. Fue muy provechosa la charla pero me tuve que bajar como dictamina el destino siempre: en la próxima parada.

Sara quiere alquilar un piso en el inmueble donde estamos. Ella vive en el tercero con la senegalesa desde que la gorda que vino de las profundidades marroquíes se fue. Ya queda la 1ª o la 2ª en las competiciones. Pero quiere vivir sola. Mi padre, porque la invitamos a entrar, y no estamos en La matanza de Texas, va a hablar con la casera. Ella puede pagar un máximo de 350 euros, por un piso o una habitación. Sonó su móvil y mi padre, viejo pellejo, dijo: “Tu novio, ¿no?” “No, son mensajes, mi novio está muy lejos”, dijo. Creo que le gusto, ¡joder, soy canoso, pero fui rubio! Dijo que mi cuerpo era de corredor, así que, digo yo, si me corro, mejoraremos la raza. Si esto ocurre la canción de los Pretenders de si una puerta se cierra otra se abre tendrá sentido en mis carnes. Es guapísima, yo soy muy sexual y creo que ella lo es. Estuvo en el sofá, sentada. Ha estudiado derecho y economía y compite. Mejoraremos la raza, yo aportaré el surrealismo.
Nos ha visitado Sara, la atleta, ha quedado la segunda de España en cross, ya os contaré, estoy muy ilusionado, nos va a preparar una comida marroquí...


Dicen que el mundo lo mueve el amor ¿Y qué hay de la frustración? El mundo lo mueve la frustración; aseveración. La Madre, esa hindú, debería, en lugar de repartir abrazos, repartir tortas; a mí no me vendrían mal un par de ellas, aunque tuviese que guardar cola para la segunda ¿Justifica el fin los medios? En algunos casos sí: como con la primera torta aún estas preguntándote de dónde te ha venido, la segunda, al verla venir, te hace ser, o sentir, más conductual, que es de lo que se trata: ser más amable y educado. Me frustra el desamor de las personas, no es que quiera de ellos un masaje Reiki, pero un poco de por favor sí. Bueno, eroticamente estoy  flora, y en fauna, que me coman los gusanos cuando lleguen: es que aquí, en Sevilla, los azahares están soltando efluvios olorosos, y ante esto que se quiten los animales malolientes. Bueno, ya he agitado la frustración, ahora un poco de amor, que de todo ha de haber en esta vida. Por cierto, sueño por un tubo, y poco amor hay en ellos pero sí mucho deseo. Somos flora, somos fauna, somos jauría, somos carnaza. Mi hija me preguntó por la melodía del Himno de la Alegría, y, a continuación, me preguntó que si había un Himno de la Tristeza. Estamos en ello: yo, como he vivido más, haré la letra, ella, por mor de Hegel: La conciencia puede ser dichosa por una de estas dos razones: o porque ha realizado el recorrido de las diversas figuras que conducen a la certeza y a la verdad, o, simplemente, porque es una conciencia ingenua.
Ella, evidentemente, hará la melodía.

martes, 10 de marzo de 2015


Cerré el blog porque tenía que devolver unos videos sin más dilación*; lo abro porque he visto una mariposa amarilla.

Cuánta gente vistiendo ropa deportiva por las calles, parece que todo el mundo o va o viene de hacer deporte, la moda sportiva, lo importante es participar. Da la sensación de estar inmerso en una sociedad sana. La composición del ser, el ser sportivo, incluso el terrorista sportivo; el tipo ese del supermercado judío francés, el matarife ese con su uniforme de terrorista, salió de las entrañas del supermercado con una agilidad no humana, de demonio vomitado por la salmodia del tableteo exorcista de las ráfagas de fusilería; pum, tiro de gracia y un angelito negro más.

“El hueco que la obra genial ha dejado al quemar lo que nos rodea es un buen lugar para encender la pequeña luz propia. De ahí la incitación que parte de lo genial, la general incitación que no sólo nos induce a imitar.”*

El domingo me hice una heridilla en el dedo índice de la mano izquierda inflando las ruedas de la bici de mi hija; hoy miro la heridilla, la tierna costra en el centro y los bordes abiertos rezumando: estoy vivo, celularmente, no hay duda.
Han detenido a la marroquí casada con el español que tras una estancia en Marruecos volvió como ausente, ensimismada o enajenada, cambiada en suma. Al poco cogió al hijo de ambos para irse al Estado Islámico. La pillaron en Turquía. Las personas bajo la influencia, sectas, moda sportiva, Podemos con el oro que cagó el moro… Bertrand Russell dijo que el mundo iba como iba porque los ignorantes estaban llenos de certezas y los inteligentes llenos de dudas y que había que interrogarse por todo lo que nos dan por seguro.
Las personas necesitan el pensamiento único para poner el huevo, el huevo áureo que cagó el moro sportivo.
La ingenuidad se pierde y se recupera, se pierde y se recupera; en mi parque, mi microcosmos, David Lynch, en Terciopelo azul, me enseñó que en el césped podía haber si mirábamos con detenimiento una oreja humana siendo alimento de las hormigas, y Malcom Lowry en Bajo el volcán que en algunos céspedes un cartelito avisa: “No deje que sus hijos pisen la hierba.”

*Ver American Psycho
*Franz Kafka, Diarios

domingo, 1 de marzo de 2015


“Tos parriba valientes, se os queréis callar, to el mundo no puede salir en los Panaderos, hay que apretar los dientes y tirar parriba”. Los Panaderos, a mi espalda, ensayando con el armazón, los costaleros.
En el parque, en mi banco, la vida pasa, no está mal esta burbuja, es la menos artificial que he creado.
Al salir de casa me abrió el portal un marroquí, supongo que novio de la marroquí delgaducha, también en chándal, como siempre va ella, también atleta. Es educado y de mirada limpia, me alegro por ella. Estos jóvenes atletas, les quedan muchos kilómetros por recorrer.
Vuelvo a considerar que el sentido de la vida es sobrevivir. Me explico: mi padre, ese clown malogrado, padece del síndrome del exterminador, de cucarachas. Hoy, al menos, me ha avisado: “A las 12 echo el fu-fu, lárgate con la perra, estás avisado” Padre, le dije, abre las ventanas, que no se va el efecto, y huye tú también, que luego estarás hecho polvo, echando el bofe, por mucho que digas que es por el tabaco.
Muchas veces, como me conoce y sabe que aunque haya vivido como ellas no quiero morir como una cucaracha, fumigaba la casa cuando yo me iba a la habitación. A la mañana siguiente, dolor de cabeza, imposibilidad de respirar, envenenamiento en suma. De ahí que vuelva a considerar que el sentido de la vida es sobrevivir. Ha asomado la dueña de Pepo, un perro castrado, hoy en día los perros domésticos, en su mayoría, están castrados, y las perras esterilizadas. La mía no, no te digo. Ya no la veo, se la vie, vuelvo al boli. Dios mío, qué buen día de primavera. Con esto de recobrar el sentido de la vida, sobrevivir, a todo, incluso a las fumigaciones de mi padre, voy recuperando la dicha de la promesa renovada, la primavera. Dentro de poco mi amigo el vasco vendrá a Sevilla. Esta ciudad, Sevilla, tan chovinista, si no es por la mirada de los foráneos sería insoportablemente paleta. Lola está a la sombra y yo estoy al sol. Nos complementamos. Voy a ver si orino porque estoy sopesando la tolerancia a la cerveza y va muy bien, cada vez orino más y me embriago menos, y ya no me pasa como a Woody Allen, que si escucho a Wagner me da por invadir Polonia. Creo que es el acicate lo que da sentido a la vida, ilusión. Me explico: estoy en un bar de mi gusto, tomándome un montadito de queso viejo y jamón, con las dos ineludibles cervezas, y han vuelto a pasar los costaleros de Los Panaderos: “Palante, valientes, que la freidora está a 180º”. Yo me mido en la adversidad, en la mía, la potente, la del sentido de la vida, en la otra, la de por aquí te pillo por aquí te mato, me pillan como los hindúes escuchimizados, débil. Bueno: “Filmax, presenta, unas bragas del 40”. Intermedio.

sábado, 28 de febrero de 2015


Tengo un Bic, azul. Y estoy encantado con la elección del nuevo cuaderno, de tapas duras de color naranja y más pequeño que el otro, más discreto. Estoy en el parque, sentado en el banco, con la sensación de estar en el vórtice del universo. Ya hay hormigas. Una parejita se ha detenido a toquetear a la perra, la perra les ha dispensado su repertorio de zalemas. Calienta el sol. Al fondo, reunión de personas y perros; no me siento realmente cómodo con ellos. Son más de mi agrado algunas mujeres, jóvenes, maduras y viejas;  puedo sentirme cómodo al hablar de cosas, aunque intranscendentes en su mayoría pero más verdaderas que la panoplia de humos diversos de los varones. Pienso en las imágenes de los brutos islamistas aporreando piezas escultóricas datadas 7000 años AC ¿De qué hablarán esos energúmenos? Seguro que me adaptaría pero con gran insatisfacción. Me dan ganas de beber, de hecho lo estoy haciendo. Mi parque es ajeno a todo esto, a todo, incluso a mí, pero me tolera.
Bondad e inteligencia, dentro de mí es cada vez más difícil encontrarlas, y fuera es imposible; alguna que otra puntada, que no hace en conjunto y a lo largo del tiempo ni tan siquiera un mal remiendo. He visto por la tele algo de la Feria de Arco. No me dice nada. Mucha sofisticación, mucha paja, encantadores de serpientes y su público. Novedad, ahora, una pequeñita araña en su hilo, qué cosa, esto sí que es una maravilla. Pero no irá, porque la exterminarían, a Arco. Me gustaría dejar el boli y que asomase la pedagoga, o la del labrador, o la del bodeguero, o la del cruce de mastín, verdaderamente bella, según mi criterio animal. Acabo de tener una brevísima conversación con un matrimonio de ancianos. La vida es bella.

viernes, 27 de febrero de 2015


Todo está dentro, pero fuera está el apego; además, dentro, cada vez hay menos cosas y fuera siempre existe la posibilidad de cobijarse bajo uno de los pechos de la Madonna ¡Ah!, y sólo le cedería el puesto a René Belbenoit, el irreductible, y a Munch, si mantiene su naturaleza muerta entre la cama y el reloj.



martes, 24 de febrero de 2015


La dentista, ángel de la muerte fallido, la dentista mengele, quería quitarme los dientes de abajo porque, dice, están mal. Mientras aguanten, yo los aguanto, dije. Ya me sacó tres muelas de golpe con un flemón a medio curar y parece que se ha envalentonado. Según ella, en la radiografía aparece una sombra blanca por lo que no me va a abrir; dice que tal vez hay una raíz que ahora está arriba y que bajará cuando me aparezca el próximo e inevitable flemón, que acuda a su consulta cuando esto suceda. Lo haré.
A la vuelta, en el autobús, degusté contemplativamente a una usuaria del mismo que respondía al canon de belleza renacentista; creo que se sintió halagada con la mirada del otro, del otro que soy yo, podría decir el Fari.

sábado, 21 de febrero de 2015



Los Doors con John Lee Hooker.


Ojalá mi blog fuese chill out.


El Tao es la integración de los contrarios, la armonía; he acariciado a un perro que se llamaba Tao y no se me ha pegado nada; el encandilamiento, esa es otra, es tremendo, la gente pierde la cabeza, la suya, toda la vida, ya les puedes hablar de que el pollo al whisky es el pollo a la picana de whisky: no se enteran. Sé que coexisten el bien y el mal, ¡joder, si los tengo dentro! Las tonterías del bien y el mal, dicen los que ignoran que el mejor pollo al whisky es el pollo a la picana de whisky.
El encandilamiento: el embobamiento, la ignorancia de la vejez, la enfermedad y la muerte; ya lo dijo a su hora el Buda.

Limpiaremos además del nuestro algún que otro Karma por la hoja de servicios, vale.


Pierde el control, reza el cartel de las 50 sombras de Grey que inunda las marquesinas de las paradas de autobús de la ciudad. Las adolescentes y las porno mamás estarán contentas, las más intelectuales de ellas cogerán su cráneo, lo colocarán cerca, escupirán sobre él y se abandonarán al frenesí de sensaciones del millonario con la estudiante.
Traidoras a la patria, comandante Iglesias, mariconsonas, hijas de la gusanera del régimen del 78.*
Y ahora, el terror:
Esta sociedad nuestra es hedonista, los procuradores islámicos del terror accederán, vía martirio, al hedonismo post mortem, tendrán en el Paraíso sus 50 sombras de Grey. Grey, rebaño, de un modo u otro.
Y en estas, estoy yo, el pastor de mi lobo. Últimamente saco a mi oveja, la coloco cerca, escupo sobre ella y le doy el cayado al lobo, y este se abandona al regocijo de descubrir la animalidad en la morfología ósea de las humanas, en el viraje animal de la coloración de sus ojos. Frenesí. Los besos soñados son los mejores.
Vlad me habría empalado, Pol Pot me hubiese pegado un tiro en la nuca, y un Rachid malo en estos tiempos, si me atrapa, me quemará vivo o me degollará o ambas cosas y grabará mi terror para consumo externo e interno. Terror.


*Lingua Tertii Imperii, Victor Klemperer

jueves, 19 de febrero de 2015



El parque. Seurat. Paisaje y paisanaje. La mimesis de Seurat es mi parque; pero observo ancianos cabizbajos con perros, con la cabeza gacha: no te dan la cara sin cruz. El ímpetu de la naturaleza ha recorrido un largo camino: Fra Angélico templado, los románticos, los post románticos, los impresionistas. los post impresionistas. los clasicistas, los nazis….

miércoles, 18 de febrero de 2015




En el autobús, camino del centro donde me han hecho la radiografía dental, qué abusadora la dentista, me sacó tres muelas de golpe pero dejó algo, así me dolía tanto la recuperación y los flemones subsiguientes; harto de padecimientos inmerecidos fui a verla, se quiso escaquear de su error pero fui implacable y finalmente lo admitió. Camino, digo, de la radiografía que dará luz al entuerto, dos jubilados, profesores universitarios, hablando del paso del tiempo, ¡guau! Uno le decía al otro: “Tú, como yo, sabes las vueltas que da la vida, vi a fulanito, ¡con lo elegante que era!, ya no lo saludo, porque no puedo.”
Tengo que escribir un post batiburrillo con tres asuntos: Podemos, 50 sombras de Grey y los sanguinarios criminales del Estado Islámico. Se van a enterar estos asuntos cuando ponga luz en la confusión. Si al final el Buda va a tener razón: vejez, enfermedad y muerte. El regusto de la decadencia para Proust y Visconti pero en la cruda realidad ya está bien de construcciones esteticistas, ¡coño! Confusión: según una de esas variantes religiosas de los hindúes escuchimizados, vivimos, y nos queda tela, en la era de la confusión. Como use el espectro de la luz percibida por el ojo humano, la luz visible, voy de culo, usaré el ojo de mi culo para el rango entero de radiación. O enciendo, o apago la luz.  

lunes, 16 de febrero de 2015




Bueno, me he cruzado en la escalera con la camerunesa y su bebe y la marroquí delgaducha y guapa, estaban las dos acojonadas con la marroquí gorda pero se la han llevado ya a otro piso. Bien. Las quería acuchillar; por lo visto es del Marruecos profundo y es más bruta que un arado, aunque para mí era todo sonrisas. Paz. Les he dicho que tranquilas, que a partir de ahora todo irá mejor. Me adoran. Estoy encantado con la delgaducha, me ha contado que es atleta y que siempre en los cross queda la primera o la segunda pero desde que convive con la gorda asesina queda la cuarta. Admiro a las atletas, y esta en particular es educada y guapa. Todos los vecinos el otro día estaban refugiados en sus casas, es que las gordunas imponen y con esta ligereza con la que tiran de cuchillo estas personas de los tiempos bíblicos se entiende el miedo. Yo, como sabía que hay bebes, fui para arriba al escuchar los gritos y los llantos, y menos mal que lo hice porque como les caigo bien, les cedo el paso y soy delicado con ellas, pues, pienso, digo yo, que respetan mi cuello y hasta que vino la poli más o menos supe llevar la situación ¡Ala, que no Alá, el muerto al hoyo y el vivo al bollo! Qué guapa es la atleta.  

domingo, 15 de febrero de 2015




Vaya día el de ayer, dos gordas peleonas, una moruna y otra negruna, ambas con bebes y yo intercediendo. Horroroso. Y menos mal que no eran sus hombres, porque estos están en la trena por acuchillamiento y otras lindezas. Todo bien al final. Vino la poli, tres coches, el hombre de la ONG y los del ayuntamiento, se me han quitado las ganas de ligar con ellas. Son vecinas, viven compartiendo piso arriba, no estaba la delgaducha marroquí. Parece que me estiman pero nunca se sabe, sobre todo por sus hombres malinos cara de pepinos.

Después bien con mis amigos recuperados, o soy yo el recuperado. Aunque bebí. Dios quiera que me lo perdonen porque cuando lo hago soy un fantasmito, esos polos pequeñitos que se derriten sin remedio, una sensación pequeñita.

miércoles, 11 de febrero de 2015


Uno está hecho a casi todo. A casi todo menos a ver mi banco ocupado cuando voy al parque. Todo se me viene encima entonces. Al anciano con perro que siempre se sienta en otro banco le ha pasado lo mismo. Pero él es viejo y ha tirado la toalla y se ha marchado. Yo no. Aún corre sangre caliente por mis venas y he estado al acecho, me adapté como pude a un banco extraño, sin sentirme parte de él, claro está, pero como diría Gloria Gainor sobreviví y finalmente mi banco me acogió cuando se le quitó de encima el intruso, el bárbaro; hasta pone más blandito el hormigón para mí y todo. Somos uña y carne. Bueno, pues ya estoy aquí; todo tiene solución en esta vida, excepto la muerte, salvo que la muerte sea una solución para la vida.

El día de hoy está siendo excepcional en cuanto a influjos positivos, sonrisas por aquí y por allá, en las miradas y en las bocas, incluso un camarero, porque se me colaron y yo estoico y flemático como si nada, como un inglés en Sevilla, dijo: “Esta es la actitud que hay que tener”. Seguro que me echan un cubo de mierda por lo alto y antes que toque un pelo de mi cabeza la mierda se convierte en polvo de oro. Es más, iba a decir que probablemente al ponerme en pie, el huevo de oro que tanto espero estaría sobre el banco, de pie y desafiante como el de Colón, salido del culo que tan bien trata mi tan amado banco, pero he tenido una charla muy gratificante con la dueña de una perrilla, que tiene novio, mi límite, pero que me gusta, así que puse en marcha el mecanismo de la supresión y pude sin conflicto disfrutar de su compañía; hoy comenzamos como de costumbre a charlar sobre los perros para dar el salto a los niños y después a los adultos; es entonces cuando me dijo que era pedagoga. El huevo de oro una vez más brilla por su ausencia pero compensa la amabilidad de los unos con los otros en este mundo cruel pero no despiadado: hace cuatro o cinco días, aquí en el parque, una abeja solitaria se me acercó para anunciarme la venida de la atroz primavera pero ¡no me picó!  

viernes, 6 de febrero de 2015


En la piscina, ayer, esperando a la niña. Sentada a mi lado, una anciana con pinta de profesora jubilada lee un libro de los caros, papel biblia, tirita de tela como separador, encuadernación de piel… Imagino que toda una vida cultivándose habrá dado unos frutos que un recolector oportunista codiciaría: profundidad, calado experiencial…; si esto pudiera devorarse, o al menos transmitirse. Una buena influencia. De repente, un jovencito de unos 14 años, de pie ante mí, me aborda y me pide consejo sobre cuál bebida de las que expende una máquina es mejor. “Hay refrescos, una bebida de estas deportivas para reponer sales minerales y hay agua, depende lo que….” “Refrescos no ¿Qué es mejor, el agua o la bebida deportiva?" “El agua siempre es buena pero si has hecho deporte la bebida deportiva sirve para reponer las sales que has perdido.” “Quiero la deportiva ¿Cuánto vale?" “Bueno, no sé…, en la máquina están los precios…" “Vale.” (Estoy en el parque y hay una mujer con una bici y un dálmata que está haciendo ejercicios y no me deja concentrarme. Tiene un cuerpo voluptuoso de pechos, caderas y culo, grandes y muy femeninos, me estiro sin poder evitarlo, me pasa cuando me excito). Y el muchacho fue hacía la máquina. Tiene un retraso, es harto evidente. "¡No, no es lo que quiero!", le dice a la máquina; y la máquina le da una chocolatina por respuesta. Viene hacia mí y me dice: “Tú no quieres una chocolatina y me das el dinero para la bebida deportiva.” “No, no quiero, además no tengo dinero”, mentí . “Esta señora -dijo señalando a la sabía-, ¿querrá?" "No lo sé, pregúntaselo", dije. "No", dijo la anciana secamente. Yo, compadecido, le advertí que no era probable pero que lo intentase con las recepcionistas por si acaso. Fue para allá y ante la negativa de estas el muchacho salió del recinto. La señora, la venerable y docta anciana, entonces, me dijo: “Este chico es muy raro” "Tiene un retraso, es obvio", dije yo (me sorprendió que lo expresase así, tan fría). “Mi nieto está en su grupo y me dice que tiene muchas rarezas.” "Es evidente que tiene un retraso", contesté sin dejar traslucir el enojo y la tristeza que me causaba su insensibilidad. Taché a la señora de las buenas influencias y me recordé por enésima vez que las apariencias engañan.

He podido terminar esto porque la venus partió con su perro y su bicicleta.

jueves, 29 de enero de 2015


Por desgracia, a la señora Tschissik siempre le dan papeles que sólo muestran la esencia de su personalidad; interpreta siempre mujeres y muchachas que, de golpe, son desgraciadas, escarnecidas, deshonradas, ofendidas, pero a quienes no se les concede tiempo para desarrollar su personalidad de acuerdo con un proceso natural. En la impetuosa fuerza natural con que interpreta tales papeles, que sólo en la representación son puntos culminantes, puesto que en el texto de la obra no son más que insinuaciones a causa de la gran riqueza interpretativa que requieren, uno adivina las cosas que sería capaz de realizar…
Franz Kafka, Diarios (1910 – 1923)


En el parque. Hoy la letra es diminuta, en concordancia con la reflexión.
Unos arbustos grandes, de abundantes ramas sarmentosas, huérfanas de hojas, con una vida mínima de subsistencia invernal, se interponen entre el banco donde está sentada una chica y el banco donde estoy sentado yo.
Dejo la lectura y levanto la cabeza; tiempo ausente, en blanco, el vacío de la física, el gran silencio.
Las ramas de los arbustos se me antojan repentinamente materializadas, visibles por ensalmo del flujo luminoso que despide mi mirada, proveniente de la luz de lo leído; alquimia fallida, a la altura de un ser humano: de filamentos de luz a grosera materia vegetal, pero bella. He vuelto.
Y a través de las ramas, de repente, caigo en la cuenta, la chica mantiene su rostro vuelto hacia mí, con fijeza. En ocasiones uno al hablar con una persona vive la paradoja de alejarse a lo recóndito, de alejarse, podríamos decir, una vida al menos. Al contemplar algo o a alguien, sin “observación”, mientras se conversa, lo contemplado, con el poder de su verdadera naturaleza oculta, capta por simpatía la verdadera naturaleza oculta del contemplador; entonces la conversación con esta persona adquiere una verdad cuya manifestación sería imposible de estar pendiente de la persona. Creo que a ambos, quizás gracias a la interposición de los arbustos, nos ocurría lo mismo, una percepción inusual.
Al poco, ya entonces “observando”, reparé que tenía un móvil y que estaba hablando por él. Confirmación pues de lo anteriormente descrito.
Todo está oculto en lo visible, en la misma apariencia, el método para desvelar lo esencial no reside en el análisis, aunque completa, sino en no estar para poder ser ¿Cómo? Ni idea, ocurre a veces.