viernes, 11 de octubre de 2013


Hace años, desde que vi por televisión unos fragmentos de la película Tren de sombras de José Luis Guerin, que me siento plenamente identificado con este director del que desconozco su obra. El impacto que causó en mí esos pocos fotogramas sigue galvanizando mi sensibilidad al evocarlos en el presente, y si por azar veo a Guerin por la tele no me pierdo nada de lo que dice porque me siento muy cercano a su mirada.

El paso del tiempo. Apropiarse del paso del tiempo.

 Ahora, buscando algo de él por Internet, he visto esto:


 
 
¿Cómo no he visto nada suyo y, sin embargo, lo siento tan, pero tan cercano?



Vislumbraba uno de esos seres que a través de su rostro especial nos anuncia la posibilidad de una felicidad nueva. Cuando es especial, la belleza multiplica las promesas de felicidad. Cada ser es como un ideal aún desconocido que se abre a nosotros. Y ver pasar un rostro deseable que no conocíamos nos abre nuevas vidas que deseamos vivir. Desaparecen a la vuelta de la esquina, pero esperamos volver a verlos, nos quedamos con la idea de que hay más vidas por vivir de las que pensamos, lo que da más valor a nuestra persona. Un nuevo rostro que ha pasado es como el encanto de un nuevo lugar que nos ha revelado un libro. [...] Qué importa si no partimos, sabemos que existe, tenemos una razón más para vivir. Así miraba por la ventana para ver que la realidad y la posibilidad de vida que sentía junto a mí a cada hora contenían innumerables posibilidades diferentes de felicidad.
[...]
Por desgracia no conoceremos todas las felicidades [...]
Al menos nos dan nuevas razones para vivir.

Marcel Proust, Mujeres Desconocidas

 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Tengo que dejar de ir al parque, la perruna tiene una alergia en los ojos y el veterinario me ha dicho que esté una temporada sin frecuentarlo. Adiós a la mitad de mi vida social, la otra mitad, a no ser que me salga una alergia a las mamás del cole de mi hija, cosa que creo muy improbable, continuará brindándome la oportunidad de alternar socialmente.
Desde la ventana de mi cuarto se ve un ciprés parcialmente tapado por un algarrobo igualmente urbanita. Lo miro cuando mi mente necesita un poco de reposo. Estas visiones de serenidad del primer Renacimiento son muy difíciles de encontrar en la contemporaneidad de lo que nos rodea, más aún en las ciudades.
Me acuerdo del video de una bolsa y unas hojas movidas por el aire que un personaje comparte con otro en la película American Beauty de Sam Mendes. El chico muestra a la chica lo que es capaz de ver, lo que presencia y graba: el espectáculo por sí mismo de la sencillez, ausente de retórica, belleza en estado puro, la espiritualidad grabada. En este comunicar, cómo nos transmite el director la calidad del vínculo que se crea entre ambos personajes.

El hombre hace arte imitando la naturaleza. La naturaleza, cuando hace arte, este es de orden superior, tanto es así que el hombre sólo puede ver y callar. Todo está dicho. Y todo está por decir. La sabiduría.


viernes, 4 de octubre de 2013

Compré un rotulador de punta fina y un cuaderno pautado en un chino, apenas pude escribir dos páginas con él cuando dejó de escribir. Espero que el cuaderno no se convierta en polvo mientras escribo estas líneas con mi nuevo rotulador comprado en una papelería.
He establecido una amistad con A., una mama del cole de mi hija que espera a sus dos hijas en la misma parada del autobús en la que espero yo a la mía. A. es francesa, psicóloga infantil en excedencia (funcionaria en su país) y viene a la parada acompañada de su otro hijo, a veces en carrito a veces en bici, un bebe varón de año y medio. Con A. he hablado de lo mío, ella me vio mal y ha sido un gran consuelo poder hacerlo. Ayer me decía que qué pasa con las mujeres, pues a partir de los 40 años entran en crisis. Yo, que cuando estoy bien soy dado a la pantomima, mime a una cuarentona suplicando al cielo unos años más de juventud y belleza. Ella se reía, muchísimo, y me dijo que sólo le faltaban 5 años para caer en este estado, pues convenía conmigo que no era otra cosa que el miedo a envejecer. Me callé, pero estoy seguro que a ella no le pasará.
Ser mujer, ser deseada tempranamente e ir perdiendo los atributos con el tiempo…
A. posee una identidad sólida y belleza exterior. Pero lo que más me gusta de ella es su belleza interior.
V. al igual que A. tiene ambas bellezas, pero su punto débil es la identidad, aunque ahora con todo esto ha hecho enormes progresos en esta dirección. Ahora que hemos clarificado las cosas estoy mejor –vuelvo a hacer pantomimas, soy muy payaso, a mi hija le encantan- pero cada vez que veo a V. flaqueo y tengo que ocultar cuánto la amo, lo que la echo en falta y lo difícil que es para mí vivir sin estar junto a ella. Ayer decliné una invitación a su casa. Cuando he ido sufro, pues este hombre va por allí, toallas nuevas, ropa tendida nueva: bragas caras, picardías sexys; muchos zapatos de taconazo nuevos… en fin, los atavíos de la superwoman. Cuando algún día pueda ser el “visitante”, sin sufrir, iré por allí si me invita. Mi pequeña me dice cuando las he visitado en su casa: “Papa, esta es tu casa”. O bien aquí, en casa de mi padre: “Cuando papa vuelva a la casa tendrá 4 mujeres y va a estar muy contento: Lola, la perrita; Dorada, la tortuga; mama y yo”.
Cuando coincidimos V. y yo con la pequeña sufro al ver lo feliz que es cuando nos sujeta a ambos por las manos y ella, en medio, se siente amada y protegida.

V. es la mujer de mi vida pero está enamorada y yo he pasado a la historia. Lo voy aceptando.   

jueves, 3 de octubre de 2013

Mirarse uno mismo, no en tercera persona (él hace esto, p. ej.), sino implementando -filosóficamente- en la propia vida la enunciación gramatical incorrecta “yo hace esto”, p.ej.
El conocimiento del yo ha de permitir finalmente a su portador ubicarse en la distancia justa que lo aleje de los peligros de las orbitas egocentristas.

En cuanto a mí, y esto es meramente subjetivo, quisiera sintonizarme con la corriente de la que siento formar parte y que es, podría decirse, mi única pertenencia en este mundo de lo impermanente.

Venimos a la vida como una hoja de papel tersa. La hoja con el tiempo va adquiriendo dobleces convirtiéndose en una bola arrugada. Entender la vida como el proceso de desplegar la hoja. El trabajo antes de que la muerte sobrevenga es desplegar la hoja. La vida al final como una hoja llena de arrugas pero desplegada.

En estas cosas estoy esta mañana. Me ha llevado al Tiempo del sueño de los aborígenes australianos.


 Los Aborígenes creen en dos formas del tiempo; dos corrientes paralelas de actividad. Una es la actividad diaria objetiva, la otra es un ciclo infinito espiritual llamado el "tiempo de sueño", más real que la realidad misma. Lo que sea que pase en el tiempo de sueño establece los valores, símbolos, y las leyes de la sociedad aborigen. Se creía que algunas gentes de poderes espirituales inusuales tenían contacto con el tiempo de sueño.


… Ellos creen que cada persona existe de una manera esencial eternamente en el Soñar. Esta parte eterna existió antes de que la vida del individuo comience, y continúa existiendo cuando la vida del individuo termina.

De la Web.