jueves, 3 de octubre de 2013

Mirarse uno mismo, no en tercera persona (él hace esto, p. ej.), sino implementando -filosóficamente- en la propia vida la enunciación gramatical incorrecta “yo hace esto”, p.ej.
El conocimiento del yo ha de permitir finalmente a su portador ubicarse en la distancia justa que lo aleje de los peligros de las orbitas egocentristas.

En cuanto a mí, y esto es meramente subjetivo, quisiera sintonizarme con la corriente de la que siento formar parte y que es, podría decirse, mi única pertenencia en este mundo de lo impermanente.

Venimos a la vida como una hoja de papel tersa. La hoja con el tiempo va adquiriendo dobleces convirtiéndose en una bola arrugada. Entender la vida como el proceso de desplegar la hoja. El trabajo antes de que la muerte sobrevenga es desplegar la hoja. La vida al final como una hoja llena de arrugas pero desplegada.

En estas cosas estoy esta mañana. Me ha llevado al Tiempo del sueño de los aborígenes australianos.


 Los Aborígenes creen en dos formas del tiempo; dos corrientes paralelas de actividad. Una es la actividad diaria objetiva, la otra es un ciclo infinito espiritual llamado el "tiempo de sueño", más real que la realidad misma. Lo que sea que pase en el tiempo de sueño establece los valores, símbolos, y las leyes de la sociedad aborigen. Se creía que algunas gentes de poderes espirituales inusuales tenían contacto con el tiempo de sueño.


… Ellos creen que cada persona existe de una manera esencial eternamente en el Soñar. Esta parte eterna existió antes de que la vida del individuo comience, y continúa existiendo cuando la vida del individuo termina.

De la Web.




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