sábado, 21 de septiembre de 2013



Si todo fuera más sencillo… pero un árbol tras el árbol que miramos; la apariencia de las cosas. Pasé ayer por las murallas de la Macarena, cantos rodados y arena visibles, puse mi mano en la muralla, la arena se desprendía, con una caricia tenue la muralla se derruía ¿De qué es símbolo la muralla? (¿De qué es símbolo el hombre?, se preguntaba  Kertész). Y con utilitarismo reduccionista, me pregunto: ¿De qué es símbolo la mujer? No sé la respuesta, si me pongo sesudo tal vez arranque algo pero no me interesa; lo que me interesa es la conmoción de la pregunta retórica resonando en el aire.
Apariencia, profundidad y, finalmente, símbolo: es lo que busco en la mujer; y la espero. No me conformo con la apariencia, la profundidad o el símbolo por separado: lo quiero todo, quiero la mujer en mis tres anhelos. Espero a V. y V. es como una fuga musical, y yo, casi siempre, desolado.


He regresado del parque, al lado, en un recinto deportivo, un grupo tocaba Knockin on heavens door. Llamando a la puerta del cielo. No abren.

4 comentarios:

  1. No, no se abrió la puerta del cielo. Estaba yo acampado, esperando, como los subsaharianos en Ceuta. Me doy la vuelta, se acabo la espera. Tras de mí, la puerta, cerrada; esto sí es cierto. Me alejo; también es cierto.

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