miércoles, 10 de julio de 2013

Amor

El saco sobre un hombro y caminar mientras el pienso se va derramando -hay que saber dar de comer a los cerdos-, si no te comen los pies, y aún más. Me quiero aplicar el método; si detenido comunico conmigo, corro el riesgo de devorarme. Contactar sobre la marcha, que al paso alternen aire y tierra los pies. Ojalá lo consiga, éste sería el principio de una gran amistad, creo. No soy un cerdo pero los defiendo, me defiendo, no somos animales impuros.

Miro de frente, a los ojos de las personas, y en raras ocasiones me acierto a ver en sus miradas. Si no me veo ¿dónde estoy? Si me veo, estoy en ellos y ellos me ven. Deseo miradas y no globos oculares.

La ausencia del amor, su silencio.

Cada día, cada día contiene el principio y el fin. Conciencia lúcida para no extraviarme del día, para ayunar espejismos.

Pienso en la reunión, no sé si habrá otra vida pero añoro la reunión. Hace años tuve un sueño muy lúcido. Lloraba de felicidad al despertar. Todos eran homínidos peludos menos yo. Yo era ellos y ellos yo. Nos abrazamos gritando desde las tripas.


Si pudiera desprenderme de tanto que me sobra y caminar.

2 comentarios:

  1. Yo a veces veo a las personas y veo monos sin pelo. No me refiero a que recapacite sobre el hecho de que biológicamente lo somos, sino que veo una clase más de monos, con menos pelo y entrenados a sí mismos, como nos vería un extraterrestre.

    Suelo centrarme en alguna tía buena para salir de esa perspectiva externa.

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  2. Los cerdos, sin embargo, nos libramos de las frankensteinianas expectativas de la evolución para con los monos. No se espera nada de nosotros, unas ricas morcillas y poco más.

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