martes, 23 de julio de 2013

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Me he cortado el pelo, las greñas, y con unas gafas de aumento -de pasta-, que he heredado de mi cuñado, tengo un aire a Marguerite Duras. El resultado sería el Christian Bale de El maquinista con gafas. Estoy en la mejor época de consunción de mi vida. La apariencia de un ser espiritual en
renuncia permanente o de un politoxicómano con aires intelectuales, hay donde elegir.



En el espejo de la peluquería, sentado en el sillón de peluquero con la cinta blanca en torno a mi cuello visible, el pelo ya corto y las sienes plateadas, parecía listo para ir al Vaticano. A perseguir regentas.


El evangelio del domingo pasado, Marta y María (Lucas 10, 38-42).

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