lunes, 22 de julio de 2013

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Está ocurriendo, los segundos, minutos y horas sobrevienen y las ruedas dentadas del reloj que les dan paso trituran inmisericordes los sobrevenidos. Lo que queda de ellos -mi temor más profundo- cobra una nueva forma absoluta, paradójicamente en un presente extraño, de mecánica relativista: la derrota no es la de ahora, su triunfo reclama el esplendor en la hierba, calando incluso la belleza que subsiste en el recuerdo, el consuelo de Wordsworth.

La dureza sobre el perdedor. Senil o clarividente el perdedor, la perdida agiganta sus dominios. Lo irreparable.

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