viernes, 21 de junio de 2013


Estoy en casa de mi padre desde ayer: él dio señales de vida, ella acudió a su llamada. Tengo 52 años tristes, los cumplí el 19 de este mes, mis pajarillos seguirán posándose en la cruz, yo no los veré. Mi hija, mi amor, no he podido protegerla de la vida grande, pero le consagraré mi vida pequeña.

Estos cuerpos humanos de los rituales de la muerte tibetanos que son troceados y dados de comer a los buitres: qué envidia. Qué envidia de Prometeo, inmortal, al que un águila le comía el hígado todos los días ¿Dónde voy? ¿Qué me asiste? Todo está dentro, sí, pero yo vivía, vivo, en el exterior. Los sueños me confunden, no sé interpretarlos. Mis adentros están cansados, han sido leales, como yo, pero quieren descansar y yo los presiono ¿Sabré abrir la palma de la mano y dejarlos volar?

Amar, si pudiese olvidarme del ser humano, si pudiese amar. Todo este artilugio del ser que soy, buscándome, desviándome, errando una y otra vez, mi sentido ético, mi mierda, mi ansia de felicidad: una vida: qué grandilocuente. Toda vida es grandilocuente, a pesar de la omnipresente racionalidad, ¿por qué es tan relevante el azar? La flauta de Pan de plástico anuncia al afilador de cuchillos: nadie nunca ha contado con un heraldo tan sobrecogedor. El humilde afilador de cuchillos, tan ajeno a su mensaje. Somos mensajeros de un mensaje que no entendemos, que nos sobrepasa.

2 comentarios:

  1. La flauta de pan:
    la barra de plástico:
    el desfibrilador de cuchillos:
    la vida vuelve a las hojas:
    los cuchillos pasan hoja:
    los libros tienen filo:
    y mensaje:
    mensaje confuso:
    complejo:
    o tan claro que no se entiende:
    tengo sobrecarga en los entendimientos:
    necesito un buen mensaje:
    me voy al mensajista a que me haga uno.

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  2. El mensaje que portamos es un misterio, me adentro en el misterio y no encuentro trazas del mensaje; pero yo insisto, es ahí donde he de buscar: a lo mejor soy yo el que está viendo mi vida, lejos, muy lejos, sé el mensaje pero no puedo comunicárselo al que ahora vivo.

    No tema, oí la flauta del afilador y aproveche su empuje surreal. No hay nada macabro, son mis incursiones en el misterio.

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