martes, 11 de junio de 2013

Ayer tarde en un parque, con mi hija y su amiga íntima, sentado en un banco junto a una mama alemana del cole de muy buen ver; yo leyendo a mi Kertész y ella, ella con su móvil. Yo, el español ahora bergmannizado ¿más maduro?: más canoso sí, bastante más. La sorprendía mirándome, mis gafas de vista cansada son una tela de araña para la juventud, ella apartaba la vista, qué interesante su papá. Tiene un cuerpo precioso y es bella, la de posturas que adoptaba, estirando al límite su magnifico cuerpo para cualquier cosa que hacía, sabía que, discretamente, yo la observaba. Vanidosa ella, vanidoso yo (pero menos, estoy de regreso, claro). Si supiese que soy como un pulpo al que han dado la vuelta la cabeza –así se mata a los pulpos, después se los aporrea-. Esta alemanita, nieta de los que casi cremaron a mi admirado Kertész…

Cuando salí del parque con las niñas, caminando por el paseo del río, la brisa agitaba las hojas de un álamo blanco, la alternancia del haz y el envés de las hojas, con su diferente color y el frufrú de música primordial, enviaba a mi cerebro impulsos nerviosos, y mi cerebro, que debía traducir lo químico y lo eléctrico en una imagen, decidió replegar al tronco las ramas del álamo, piramizarlo y regalarme un ciprés. Qué amable el alimento místico que me dispensó, cómo me conoce, yo me afano por conocerlo y él, sin esfuerzo…


Bueno, han cortado, ¿qué me espera?, ¿qué nos espera? Yo amo y espero todo; ella, ay ella, el tiempo lo dirá...


2 comentarios:

  1. Usted vaya a saco, Opal: latin lover y maduro cultivado. ¡¡Dos clichés mojabragas en uno!! ¡¡Dele calor südländer!!

    ResponderEliminar
  2. Estoy horrorizado, Surlaw, lo último en el cole de mi hija –lo sé por una mama- es el primer libro de una trilogía erótica titulado Cincuenta sombras de Grey –rollo bondage, sado-maso etc.-. Un best seller cuyas lectoras, mayoritariamente, son adolescentes y mamas de treinta años. La mama que lo comentó es culta, lectora de filosofía e historia principalmente, al ver mis muecas de horror me dijo que había que sacarse el cerebro del cráneo, colocarlo a un lado, escupir sobre él e iniciar la lectura -supongo que con el culo-. Antes de mi estropicio vital me hubiese palmeado los muslos alborozado y habría escudriñado a las mamas con un interés erótico-antropológico- sociológico; pero ahora…, ahora noto que el estilete se hunde más profundamente en mi corazón.
    Estoy viejo y triste, Surlaw, el maduro cultivado está fuera de la tierra y tiene las raíces al aire. Yo antes era eminentemente contemplativo: en la realidad era apolíneo y dionisíaco en la imaginación (excepción hecha de la fase porno en la que me corrompí). Ahora sacude un viento místico a mi soporte humano, fíjese que el otro día una monja novicia se me quedo mirando por la calle y me pregunté qué vería en mí, si al hombre o al místico.

    ResponderEliminar