sábado, 18 de mayo de 2013


Hoy hace un día frío, hay viento pero el sol logra abrirse paso entre las nubes. No he visto a ningún pajarillo posado en la cruz, salgo al balcón a menudo, desde donde la diviso, esperanzado, buscando apoyo; pero nada: parece que hoy todo depende de mí, de este yo mío frágil en construcción.
Amo y no soy amado: lo acepto. Pero ¿qué acepto?, ¿el estado categórico, inmutable?, ¿a perpetuidad en mi vida? No. Quisiera extraer la dicha del hecho de amar, tan sólo, sí, pero no puedo ¡Necesito tanto dar pero también recibir! Acepto la provisionalidad de este estado, en conclusión, soy el amante común, el amante necesitado de flecos de esperanza para tirar adelante, lejos del amante idealizado que querría ser. Soy el amante que sucumbe al dolor y aleja de sí el cáliz de amor que se creyó capaz de apurar.


Amor mío, no puedo dejar de pensar en ti, muero. Es una agonía lenta la de mi alma, lleva a mi cuerpo por calles solitarias y me insta a detenerme en lo insignificante, lo que nadie advierte, me consuela con lo que apenas existe mientras vamos muriendo los dos, cuerpo y alma, leales bajo este cielo atroz de primavera ¡Amor mío! (Escrito días atrás)

Voy a sacar a la perruna. Voy a la cruz y a ella. 

3 comentarios:

  1. Algún dios habrá, ojalá, que acuda en socorro de quien se lo pida. Debería, al menos.
    Y habría también de saber reconocer de entre la multitud de desalmados a aquellos que tienen alma.
    Y si no es un dios de la rehostia, como mínimo que lleve una racioncita de suerte, que no vaya a ser menos que una pata de conejo.

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  2. ¿Y los que tienen media alma?

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  3. Aquellos que no tienen alma un día la tuvieron. Aquellos que la tienen, pueden perderla. Una vida, un alma.
    Los que tienen media alma, tienen media vida. Los conejos tienen cuatro patas.

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