lunes, 30 de abril de 2012




Ayer vi una parte del Edipo Rey de Pasolini, con Silvana Mangano. Sus cejas me recordaron a una jovencita con nombre de barquita de pescador: Mari Ángeles. Era de la grey de Camilo Sesto, cuando Camilo, ese ser tan complejo, estaba en su sazón. Recuerdo los rosetones saludables de sus muslos, su lozanía. Un pero: sus cejas de los 70 -demasiado depiladas para mi gusto, un hilillo piloso-.

Y después vi una parte de un documental sobre Nuria Espert. El hombre de teatro viste de negro y calza sus pies con botas de media caña. Qué empalago el ser cultural varón. Ellas no, no tienen la ridícula pretensión de desnudarse interiormente con la neutra vestimenta negra para airear su yo idealizado. La pueril necesidad del varón de mostrar, de parecer importante. Y las cosas, grandes y pequeñas, le pasan inadvertidas.
Menos mal que nacemos de la mujer. Volvería a su regazo, como Kinski, una y otra vez.


Cada vez que un ser humano nace, resuenan en el mundo las palabras de Mateo: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos…”


sábado, 21 de abril de 2012