lunes, 30 de abril de 2012




Ayer vi una parte del Edipo Rey de Pasolini, con Silvana Mangano. Sus cejas me recordaron a una jovencita con nombre de barquita de pescador: Mari Ángeles. Era de la grey de Camilo Sesto, cuando Camilo, ese ser tan complejo, estaba en su sazón. Recuerdo los rosetones saludables de sus muslos, su lozanía. Un pero: sus cejas de los 70 -demasiado depiladas para mi gusto, un hilillo piloso-.

Y después vi una parte de un documental sobre Nuria Espert. El hombre de teatro viste de negro y calza sus pies con botas de media caña. Qué empalago el ser cultural varón. Ellas no, no tienen la ridícula pretensión de desnudarse interiormente con la neutra vestimenta negra para airear su yo idealizado. La pueril necesidad del varón de mostrar, de parecer importante. Y las cosas, grandes y pequeñas, le pasan inadvertidas.
Menos mal que nacemos de la mujer. Volvería a su regazo, como Kinski, una y otra vez.


Cada vez que un ser humano nace, resuenan en el mundo las palabras de Mateo: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos…”


6 comentarios:

  1. Qué gusto volver a empatizar con un texto suyo¡ Qué grande la canción y evocadora la foto, me ha pillado con el instinto maternal indómito. Redondito, redondito todo, oiga, como una sandia.

    ResponderEliminar
  2. Los hindúes consideran que los niños han de estar casi exclusivamente en un ámbito femenino -no sabría precisar si hasta los tres o siete años- recibiendo caricias, besos, etc. En el lado amable de la vida, amor a raudales, vaya. Son los cimientos. No estoy de acuerdo; yo ampliaría la edad como mínimo hasta los cuarenta y tres bien cumpliditos.

    ResponderEliminar
  3. jajajaja
    me he imaginado, fíjese, dando de mamar en el parque a un maromo, sentada en un banco y él semirecostado, como cuando a un bebé le entra hambre durante el paseo...qué bonito y qué cabal.

    ResponderEliminar
  4. En el maravilloso mundo de la lactancia hay que chupar y no soplar. Arriba le pongo un ejemplo.

    ResponderEliminar
  5. A mí me patió una madre. Y a los malparidos también. Tendrían que ser un poco más cuidadosas con lo que traen al mundo. Lo de las madres es un paradojón del quince. Curiosamente muchísimos hijos de puta han nacido de señoras decentes.

    ResponderEliminar
  6. También de muchas -digamos- casquivanas han nacido -digamos- seres éticamente decentes.
    Y luego está en lo que nos vamos convirtiendo.

    ResponderEliminar