lunes, 30 de enero de 2012




Hay recuerdos que son evocados a partir de estímulos sensoriales, pero justo antes de que esto ocurra, antes de que la memoria de comienzo su mistificado relato, una pequeña porción inalterable del pasado da un salto en el tiempo y, sin discurso, hace su aparición en el presente. Alojada en la memoria más fiable, la sensorial, no es susceptible de deformación, permaneciendo latente a la espera del estimulo. Un trocito de pasado intacto, que por su cualidad de sensorial es veraz, y que a su vez desencadena las emociones y construcciones de lo que llamamos recuerdo. Es un viaje en el tiempo minimalista que nos retrotrae, si no al ser que fuimos, sí a la percepción sensible que un día tuvo ese ser.

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