domingo, 11 de julio de 2010

Surlaw In Memoriam, rastreador de escandinavas.



sábado, 10 de julio de 2010


Dicen que no se debe mirar a un primate fortote a los ojos. Yo lo he hecho. Enmarcado por un culturista cobarde, que bailó –dice- con Paco de Lucía y una mujer que se va muriendo con una sonda en la nariz. La praxis hay que ponerla a prueba. Yo lo he hecho. Y aquí estoy. He mirado al horizonte de los primates superiores; con los titíes no lo hago porque te muerden. He mirado a los ojos. Yo sí. Mañana, el ejército rojo.
Diane, los gorilas no saben manejar machetes. Descansa en paz.

jueves, 8 de julio de 2010




Lo inconsciente remitiría a lo no-dicho en el lenguaje –cosas de Lacan-

Afortunadamente en este video no hay voz en off. Desafortunadamente hay una musiquilla de fondo, una tentativa de aproximación al objeto real, una cucharadita de potito Bledine bienintencionada.

Y sollocen otros poetas
sobre los cuernos de la lira,
con el ritmo de las piruetas
yo rimo mi bella mentira.


Esto que dice Arlequín, el acróbata del lenguaje corporal, en La marquesa Rosalinda, me trae a las mientes que la comunicación más veraz (o al menos el porcentaje mayor de comunicación) reside en el lenguaje no verbal, en el gestual. La manipulación es posible pero habría que ser un consumado arlequín para llevarla a cabo.

¿Ha muerto la novela? En mi boca esta frase quedaría grande amén de ridícula, prefiero pues darle la vuelta a la tortilla y declararme a mí el muerto. No sé cuándo morí para la novela, sí sé que hace un año justamente leí Vida y época de Michael K. de Coetzee y que me entraron ganas de nuevo de leerlas, o más bien de leerle a él. Inicié Desgracia y a la mitad abandoné; y es que siendo muy bueno tenía a mano lo que a mí realmente me gusta: lo testimonial: desde Victor Klemperer a Imre Kertész, pasando por Robert Antelme, Jean Améry, Primo Levi, etc. Sí, literatura de sobrevivientes de una época determinada, mi obsesión.
Probablemente fue el Pessoa de El libro del desasosiego el que me inició hace muchísimos años en este tipo de literatura, no la de los, digamos, Campos pero sí en la testimonial.
Mi hermana, que cree saber mis gustos, me regaló en un cumpleaños El niño con el pijama de rayas. Leí un par de páginas, reconocí la odiosa forma estereotipada de narrar que me ha hecho aborrecer la novela y devolví esa rueda de molino a la estantería. Allí está, desde aquí la veo. Cuando mi hija crezca se la regalaré.

martes, 6 de julio de 2010


La atracción del horizonte es irresistible para los héroes. Los pies haciendo camino y la mirada donde se confunde la tierra con el cielo. La madre de las apariencias, el horizonte. John Wayne y Charlie Chaplin suelen en sus películas ir en pos de él. Y necesariamente alejándose de nosotros.

“El tiempo es la distancia más larga entre dos lugares.” (Tennesse Williams)

El horizonte de Tennessee Williams consistía en rodar empastillado y alcoholizado por las carreteras italianas en busca de jovencitos. Naturaleza humana, contradicciones, conflictos… de eso sabía mucho y se construyó un horizonte a su medida. Para eso era dramaturgo.
La noche de la iguana, seres humanos a la deriva, horizontes degradados, aparentemente…
Encontrar la medida del propio horizonte exige dejar por el camino la ingenuidad, pero, ¿también la sensibilidad? No. No en La noche de la iguana. Un consuelo.

“No esperes el día en que pares de sufrir. Cuando llegue, estarás muerto” (T.W)

El horizonte, la madre de las apariencias.


La balada del café triste, de Carson McCullers, lo recomiendo. Puede parecer que leo, no es así, leí, este libro al menos, y trato de recordar, horizontes.