lunes, 31 de mayo de 2010


Nunca el nombre de un facha fue más apropiado: César. César, un nombre que causaba espanto, la bestia negra de los juveniles de la época, un líder de Fuerza Nueva, una mole. César y sus subordinados habían dado una gran paliza a mi hermano, el terribilitá, y le habían metido la cabeza en un váter de los aseos del instituto. Una humillación grande para el orgullo de un líder comunista de juveniles; para el joven que había estampado un pedrusco en un coche de la policía – lechera se decía entonces-, rompiendo el parabrisas de los monos en mil pedazos; para el aguerrido combatiente al que visitaron incluso sus profesores cuando se reponía en casa de la brecha en la cabeza que le causó una bomba de humo que, por supuesto, devolvió a los grises. Toda una reputación. Ah, el madriles… joven, airado y mirando hacia adelante. Ahora, que estamos adelante, es medio xenófobo y tiene una gran barriga, pero sigue siendo irascible, y sigue siendo mi hermano.
Pero volvamos atrás… Un día iba yo caminando de regreso a casa, cuando un tipo altísimo, fornido, con cara de buena persona me salió al paso, me saludó como si me conociese y entabló conmigo una conversación colocándose a mi vera muy amable y sonriente. La conversación consistió en responder a las preguntas que me hacía, supongo que para llenar huecos porque parecía conocer muchas cosa de mi familia. Yo, que era bastante ingenuo, no le di importancia. Alguien debió vernos porque al día siguiente mi hermano me sometió a otro interrogatorio y me dijo que cuidadito, que ese amable desconocido era el César. Más adelante nos cruzamos en varias ocasiones y nos saludábamos como lo que ya éramos: conocidos.
Debo mucho a mi hermano, me enseñó, cuando era un alevín, a localizar las salidas en las manifestaciones, a no perder de vista a la policía y a correr únicamente cuando era preciso. Como en los encierros de toros, a los que también íbamos.
Me cago en César.

jueves, 27 de mayo de 2010

lunes, 24 de mayo de 2010




Tengo una cicatriz en la pantorrilla, mi hermano mayor, un temperamento colérico, me clavó una tijera así sin más. Estaba él sentado en el sofá y yo le daba la espalda, creo que se aburría, un hombre de acción sentado, una anatomía sedente terribilitá vamos; si hubiese sido Konstantín, el personaje de Chejov de La gaviota, hubiese matado alguna gaviota, pero como no las había en el piso y yo estaba a tiro… aparte que él ni hablaba de sus motivaciones expresamente, y en cuanto a lo del subtexto, simplemente le era ajeno. En resumidas cuentas, me propuso por matar el tiempo ser su diana, yo le dije algo así como menos lobos caperucita y claro, le di el motivo, le reté. La lanzó y me clavó la tijera en el gemelo izquierdo, miré abajo y me quedé horrorizado, yo ya había pasado por diferentes torturas con él como verdugo, como cuando me asfixiaba con la almohada, pero, sinceramente, creí que no sería capaz. Luego fue tan tierno… me la sacó, me curó en primeros auxilios y me pidió perdón. Yo le perdoné, al fin y al cabo tampoco en esta ocasión me había matado.
El resto de las cicatrices de mi cuerpo, en la cadera, en la barriga, en el tórax… con texto o subtexto soy yo el responsable. Y aquí andamos, perdonándome. Y es que soy un humanista convencido.

sábado, 22 de mayo de 2010





Entiendo la zona gris como tierra quemada donde sacio el hambre recogiendo del suelo castañas. Asadas.

El personal sanitario de la UCI, si no ve pompas de aire formándose en el extremo exterior del tubo torácico del neumotórax, se aburre. Cultura del entertainment en salas donde se muere. Puro espectáculo; no es crueldad.

En otro orden de cosas: el bien y el mal. En tanto a la noche del cazador, soy un maniqueísta convencido. Escupiría sobre las tumbas de los reverendos malvados, sin espectáculo y sin crueldad.
Sin embargo, acometo esta lucha desde mi Sombra –concepto junguiano -, pocas luces tiene mi luz para las batallas entre tinieblas y me asiste la oscuridad sin sonda de La Sombra: para mancharme las manos preciso mi mirada sucia. El precio a pagar: se alimenta y crece.

… Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.

(A los hombres futuros, Bertolt Brecht)

jueves, 13 de mayo de 2010



Cuando el simbolismo como un perro se domestica y ladra en bucle, la cadena da de sí y el perro permanece. Es un vals fiel que se orina en los bajos de los vestidos desde un reloj souvenir de los años cincuenta. La primera impresión de un acuario es que es la casa de los peces. Agua caliente o fría, poco importa si no hay peces. En el río Tinto hay vida, y no es cuestión de fe, lo dice La Nasa. La Nasa, los rusos, los chinos, los hindúes construyen cohetes y los mandan a Satie. Toma ya vida extraterrestre. Hay vida en los cohetes.

sábado, 8 de mayo de 2010




_ Bueno… hablemos de arte.
_ Bacon.
_ Ya.
_ Cada imagen que veo es un recuerdo.
_ Principio y fin.
_ No acaba.
_ Me he expresado mal.
_ Cada imagen que veo es un malentendido.
_ Cuando Bacon levanta los dos trozos de carne parece una mariposa.
_ Qué sensibilidad tan extraña.
_ Sí, hay otra en la que parece un ángel.
_ ¿Dónde fueron a parar los de Fra Angélico?
_ Auschwitz.
_ No acaba.
_... Cavamos la fosa en los aires no se yace allí estrecho...
_ La lengua no pertenece.
_ Aún Celan no es cliché.
_ Duchamp sí.
_ Pobre mariposa Duchamp.
_ ¿Es compasivo el arte?
_ No.
_ ¿Debería?
_ No.
_… Leche negra del alba te bebemos de noche…
_ Cézanne volvía una y otra vez a su montaña, siempre inacabada.
_ Una oración.
_ Siempre inacabada.
_ Un consuelo; ya sé, siempre…
_ Luego está Koons, con sus mariconadas.
_ Detesto a Koons.
_ Cuestión de gustos.
_ Como todo en la vida.
_ Enséñame las manos.
Tienes las yemas de los dedos iridiscentes.
_ No volveré a coger mariposas.
_ Y cuidado con Bacon. Y con otra mariposa.
_ ¿La de Lucian Freud?
_ Sí.


domingo, 2 de mayo de 2010

Miklós Radnóti, según refiere Kertész, con sus diez últimos poemas ocupa un lugar destacado e indiscutible en la literatura universal. Radnóti fue fusilado y enterrado junto a otros enfermos a pie de carretera en el transcurso de una marcha forzada. A los dos años, cuando se exhumó la fosa común, se encontró en el bolsillo del abrigo del poeta la libreta con los diez grandiosos poemas escritos en el Lager.

“Nuestra relación con otras personas consiste principalmente en discutir y juzgar el carácter y la conducta del prójimo. Eso me ha llevado a un retiro voluntario de virtualmente todo lo que llamamos intercambio social. Debido a esto, en mi vejez me he convertido en un solitario.”
(De esta manera tan impresionante da comienzo Fresas salvajes de Bergman.)

Hay algo espurio en creer que se sabe ¿Qué virus se esconde en El Libro de La Vida que los lectores al poco se creen autores? Miro en derredor y me ahoga tanta suficiencia, tanta autoridad.
Admiro a René Belbenoit, apodado “El Incorregible”. Estar por encima ¡qué horror! Estar por debajo (y tener la oportunidad de atentar contra la autoridad). Sí.

El guiso con papas: un hombre en cuclillas enseña a unos niños muy pequeñitos el sendero de unas hormigas y otro, un psicólogo, de pie, lo recorre con su zapato aplastándolas. Les enseña a aplastarlas. Eso me pasó el otro día. Es difícil mantener la fe en la especie humana.