lunes, 22 de febrero de 2010

Cuánto tiempo pierdo con la sobriedad, que ponte los tacones y taconea y una rosa es, eh, una rosa. Debería buscar el perdón y no encontrarlo.

sábado, 20 de febrero de 2010





¿Dónde hallar mis fresas salvajes? ¿Y si el fraseo del tiempo recobrado careciera finalmente de swing? Me deprime la manzana en lenta pudrición que inspiraba a Baudelaire; pero sé que sólo en ella encontraré mis fresas, aun sin swing.

Aceptar sin reservas la gracia de la vulnerabilidad sin los resabios de la autoayuda merecería ser el trabajo decimotercero de un Hércules contemporáneo. En lenguaje sexista, es un trabajo y una paradoja a medida de hombres y no de semidioses: cuanto más grande se es más pequeño se parece.

Y entre tanto, el hábito franciscano de tela basta que imagino me cubre mientras escribo roza las partes bajas, lo más basto de mí, lo que más siente, sin conflicto.

domingo, 7 de febrero de 2010

Un acto improbable en la vida es verosímil en el cine si el que lo ejecuta es Marlon Brando. Brando, herido de muerte, saca de su boca el chicle que estaba mascando y lo pega en una maceta. El buen morir, un gesto*.
Advertidos: con la ropa interior siempre limpia, por si el amor loco sin nombres y sin pasado acaba en tragedia y el último tango fuese en Paris.
Pero si fuese en Viena, como en Portero de noche, la consunción de los amantes con nombres y con pasado justificaría la licencia de morir, y aun de amarse, con la ropa interior sucia.

* Como el que tuvo Belmondo en Al final de la escapada; bajándose a sí mismo los parpados cuando se sintió morir al ser baleado por la policía.