martes, 26 de octubre de 2010

Mis historias son de autobús y apenas las alcanzo pero me monto, y mientras llega mi parada me sale un ectoplasma por la nariz y le digo “absorbe a las chicas guapas”.
Cuando la puerta del autobús me parte el ectoplasma por la mitad, me quedo todo entero en mi asiento y con medio ectoplasma agónico que me dice “papa vuelvo a casa”.
Hoy, la mirada de una mujer se ha ido a pasear con mi mirada. Una desconocida en el autobús. Y el seguro servidor, el siervo, el esclavo, el besamanos impenitente que no confía en las personas ha renovado los votos en el ciego trayecto de los autobuses.

3 comentarios:

  1. Mejor si ellas le absorben a usted ¿no? Porque a usted no le irá el rollo strap-on ¿no? Que cuando yo digo que me gustan las chicas que llevan la iniciativa, no me refiero a eso ¿eh?. Me refiero al sentido conductual únicamente ¡no físico!

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  2. La sábana de medio fantasma es media sábana. Para cama de hotelito, individual. En las ciudades canijas no se monta uno nunca en autobuses. Eso nos perdemos los semirurales, compartir cajas de individuos envasados al vacío, que vuelven a llenarse o a vaciarse aún más -según temperamento- al salir de ellas.
    El año y pico que estuve donde sí se viajaba en autobús, en tren y en metro, se me venían a la cabeza en los trayectos surrealismos de aquí te espero. Era una mierda que molaba.

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  3. De gustarme las pollas, me gustarían negras. Sólo puedo decir eso.

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