jueves, 12 de agosto de 2010

La chica tenía varios cortes en la muñeca izquierda, de esos transversales a las venas con los que se pretende vivir un poco mejor que en la vida previa al corte.
Sevilla en el siglo XVl fue ciudad de la picaresca en Europa y, ahora, en el siglo XXl, algo queda. A 40º es posible en esta ciudad viajar en el tiempo; sólo hay que ser dócil y dejarse arrastrar por el ser y no estar, por los átomos siempre en movimiento, por la física teórica, por la imaginación y por la cerveza.
En esas estaba cuando divisé un cuadro de esa época pretérita, un grupo de personas que en conjunto no sumaban más dientes que un presentador de telediario de los de ahora. Pedí permiso, les invité a cerveza, litronas compasivas para todos, y me dejaron sentarme con ellos. Había un par de ex legionarios, un par de mujeres robustas, desdentadas pero de belleza interior, no alabé la belleza del alma por no parecer condescendiente y me empleé a fondo en maravillarme con la belleza exterior. Les dije de todo, a lo Pierre de Ronsard, y durante un tiempo de átomos en movimiento me sentí amado. Había algún que otro rumbero flamenco, un mastín, un chucho, una guitarra y la joven de los cortes transversales… Dios mío, qué bella era. No hablé con ella, al menos directamente, me intimida la percepción adquirida de los átomos en pausa, y la observé con detenimiento. Ella me miró con una mirada furibunda. Me dijeron que tenía un novio muy malo. Después, no me acuerdo de nada.

5 comentarios:

  1. A 40º no se es persona. Se funde uno en el aire, sin la frontera que lo delimita a uno apropiadamente del entorno. A mí no me gusta arrastrarme como una mancha, ni sudar los gallumbos. No entiendo por qué los guiris bajan.

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  2. Usted, Surlaw, siempre tan cartesiano… De eso se trata, de tener experiencias extracorpóreas. Lo de los guiris no lo entiendo muy bien, porque no se puede estar en misa y tomando fotografías a monumentos.

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  3. No, si contra lo de tener experiencias con un cuerpo extra no tengo nada... bueno, en realidad sí que tengo algunas cosas en contra, pero en el otro sentido... usted ya me entiende. Pero a 25 grados mejor. Y si me apura, a 5 también, que los preliminares basados en compartir abrigo tienen un puntito cavernícola perfecto (claro que entonces la higiene no debía de ser muy buena, pero en eso consiste el progreso, en coger lo mejor de cada momento pasado).

    Hablando de cavernícolas, aprovecho para recomendarle nuevamente una peli, que es más como una obra de teatro, llamada Man from the Earth, cuyo protagonista me recuerda a usted. ¡No lo puedo evitar! Ese airecillo de estar de vuelta de todo, porque ya se ha vivido bastante...¡que tampoco es usted tan viejo, Opal! Si aún se le levanta, no es viejo. Y que conste que mis cogeneracionales me acusan a mí de lo mismo. De comportarme como un viejo digo, no de ninguna disfunción hidráulica. Supongo que es algo relativo.

    Lo único cartesiano que conozco es el espacio. Pero está bien cuando le atribuyen a uno corrientes filosóficas. Se siente uno parte de algo, más integrado.

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  4. ¿De modo que en este caluroso estío, está usted haciendo un cursillo de perroflauta?
    ¿O acaso de marginado bronxero hispalense?

    ¡Mierda! ¿He leído bien? ¿Se asocia vejez con lenvantación?
    (Ahora al que le ha venido una peli es a mí: Burt Lancaster, como viejo ineréctil, en El Gatopardo)

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  5. Por volver sin llegar llevo ese airecillo, señor Surlaw. Aún así, si me pongo en contra del airecillo, se me levanta.
    Veré la peli, sí.


    Estoy repitiendo, señor Blas. La teórica me la sé, vive Dios, por eso me quedo en blanco y suspendo. El próximo verano iré a por todas. De carambola, el último verano.
    Burt Lancaster… quién diría que fue homosexual, con lo trapecista y viril que parecía ser. En Confidencias está magnífico. No me echen a los perros, yo tuve un amigo homosexual.

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