lunes, 16 de agosto de 2010

Frente a mí hay un edificio de ladrillos vistos, de principios de los años sesenta, exactamente igual al que yo habito. Un edificio de una barriada de trabajadores de la época de Franco. Cuando salen a regar las plantas, veo a una anciana y al que supongo su hijo, un rasta cincuentón de rastas de selva amazónica. Ahora, el hijo, se ha pelado al cero. ¿Cómo lo vivirá?
Recuerdo a David, un irlandés que estuvo alojado en mi casa en 1990, en otra casa, en otro tiempo. No he conocido a una persona más auténtica que él. Lo echaron de los Hare Krishna por exceso de amor. Tenía todo el cuerpo claveteado de piercings y era calvorota. Sospecho que quiso follarse al gurú. Era vegetariano y adoraba los gazpachos que yo preparaba.

2 comentarios:

  1. Es lo que pasa en el norte, que tienen rubias pero no tienen gazpacho, y cuando lo prueban es normal que les guste. Pero no el de bote, por el amor de diox. Hay que fundar una nación con lo mejor de cada una de las tradicionales. Imagen mental: mojar a una rubia en gazpacho.

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  2. Imagen mental recibida.
    Con ellas, con las vikingas, es más fácil hacerse chiquitito y disolverse. Haría un gazpacho que nunca se acabase para ellas.

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