martes, 6 de julio de 2010


La atracción del horizonte es irresistible para los héroes. Los pies haciendo camino y la mirada donde se confunde la tierra con el cielo. La madre de las apariencias, el horizonte. John Wayne y Charlie Chaplin suelen en sus películas ir en pos de él. Y necesariamente alejándose de nosotros.

“El tiempo es la distancia más larga entre dos lugares.” (Tennesse Williams)

El horizonte de Tennessee Williams consistía en rodar empastillado y alcoholizado por las carreteras italianas en busca de jovencitos. Naturaleza humana, contradicciones, conflictos… de eso sabía mucho y se construyó un horizonte a su medida. Para eso era dramaturgo.
La noche de la iguana, seres humanos a la deriva, horizontes degradados, aparentemente…
Encontrar la medida del propio horizonte exige dejar por el camino la ingenuidad, pero, ¿también la sensibilidad? No. No en La noche de la iguana. Un consuelo.

“No esperes el día en que pares de sufrir. Cuando llegue, estarás muerto” (T.W)

El horizonte, la madre de las apariencias.


La balada del café triste, de Carson McCullers, lo recomiendo. Puede parecer que leo, no es así, leí, este libro al menos, y trato de recordar, horizontes.


2 comentarios:

  1. Como una puta sanguijuela, aprovecharé su artículo para escribir yo el mío; que para eso están los amigos, para sacarles toda la sangre que sea posible.
    (Leer o no leer.., esa es la question)

    (Por cierto, qué raro quedó en esa foto el Walt Disney)

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  2. Lo del Walt tiene explicación, es que se acababa de enterar que Hitler adoraba sus pelis y que las veía en proyecciones privadas, y se le pasó por la cabeza la idea del Williams de hacer algo diferente, edificante a lo Leni Riefenstahl, con Bambi montando a la Eva Braun en Berchtesgaden.

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