martes, 15 de junio de 2010



No es cosa fácil, discriminar el prejuicio de la intuición. Si el conocimiento intuitivo –que yo entiendo positivo- se alimenta sin rubor con la boca abierta, el prejuicio –que entiendo negativo- debería poner colorado, en cuanto abriese la boca para comer, al conocimiento racional.

De amañar la balanza, coincidiría el peso estimado con el real. El peso del alma se estima en 21 gramos, la altura de Dios en 1´83. Pesos y medidas, ¿quién da más en esta vida? Y además, una estimación, en esta vida, deviene sin esfuerzo en certeza. ¿Quién da más?
Probablemente, en esta vida, El tercer hombre.


Donde van los corazones más pesados que una pluma, voy derechito yo.

2 comentarios:

  1. Siempre sospeché que tenía la misma estatura que dios, y ahora usted me aporta las pruebas.
    En lo sucesivo me haré llamar también "El Altísimo"
    Diosecitos somos y en el Olimpo nos encontraremos.

    (Mi alma debe andar por los 10 kilos y la llevo como sobrepeso)

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  2. Pues somos La Binidad usted y yo, que medimos lo mismo. El que nos completaba -cuando éramos la Trinidad- murió el pobre, Fernando Fernán Gómez, de 1´83 también.

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