domingo, 27 de junio de 2010



Hay una expresión que aun aceptándola como lícita me causa repulsión: Estilo de vida.
Se rodea uno de los objetos que puede pagar y que la sociedad de consumo dispensa con profusión y la vida ya tiene un estilo. Me es difícil emplear esta expresión hablando de los masais o de los pastores de la trashumancia, estilo me sugiere algo de esteta territorial, de rol social diferenciador, y aunado con vida me sugiere impostura.


Se acabaron los fajadores, ahora todos quieren dar hostias. Cómo se pueden dar hostias si no se reciben a mansalva previamente. Dar hostias sin causa es de una violencia cruel.
Se dice que Paulino Uzcudun le pegó tal puñetazo a un burro, que introdujo el puño en su interior atravesando las costillas. Paulino era un fajador y sus hostias eran de líbreme Dios de las aguas mansas.
Iñaki Perurena ha sido el mejor levantador de piedras, fue carnicero de profesión y tiene, a mi gusto, carta blanca para dar hostias porque es poeta (bertsolari vamos).
Se podrá pensar que justifico la violencia. Inexacto: justifico las coces de las aguas mansas.

10 comentarios:

  1. La vida es packing, castas que se subdividen en microcastas que vienen determinadas por zapatillas, bolsos, chaquetas, relojes y coches. No son marcas, son peldaños, peldaños de una escalera de caracol en la que uno disfruta enseñándole el culo al que le sigue.

    ResponderEliminar
  2. Don Blas...depende de quién te siga y para qué le enseñes el culo...desde la palabra "peldaños" la frase pinta fantástica, de un erotismo desorbitante. El resto me parece excluirse uno mismo de algo que se presupone en los demás y nunca encuentro un buen motivo para hacer eso. Vaya a ser...
    Don Opal...siempre me quedo con la sensación de no haberle entendido del todo...me da una rabia...pero yo lo intento.
    Saramago me encanta (Don Blas me ha dado el porqué ;) y María Magdalena seguro que medía 1.60
    Saludos para todos.

    ResponderEliminar
  3. En efecto, Doña Gala, tiene unos tufos de arrogancia acojonante eso que he dicho. Pero ha de haber, hay, alguna forma de no ser masa y no por ello necesariamente devenir en altivo y arrogante.
    Debe ser cosa de nacimiento: nunca he podido unirme a grandes grupos y soy alérgico a las multitudes. Pero como decía antes, ello no me ha convertido en huraño, hosco e insociable.
    Hay que ser individuo, interactivo, pero individuo.
    O sea que no todo es etiquetable.

    ResponderEliminar
  4. ...existe la forma de no ser masa:) y usted la aplica constantemente en sus textos, deja entrever su individualidad y todo el que le lee se da cuenta...pero cuando se manifiesta abiertamente y con todas las letras, a mí al menos me duele un poco...como cuando le ves la trampa a un truco de magia.

    No todo es etiquetable, Don Blas, ni tampoco todo es criticable a bulto: La masa...ese ente que no es Hulk.

    Saludos, es más...besos a todos¡¡¡¡...jo, están de un serio últimamente...

    ResponderEliminar
  5. No TODO es criticable a bulto, en efecto. Pero a la masa no hay otra forma de criticarla, ya que es en sí un bulto. (aquí tendría que venir un je je je)

    Cada individuo se supone que tiene una escala de valores con arreglo a su temperamento. Cuando se agrupan muchos individuos y asumen una escala que ninguno sabe quién coño diseñó, es cuando se forma una masa. Y no es que sean idénticos idénticos (tampoco lo son las cebras) pero, vamos, que se diferencian a lo sumo en un par de rayas y los tendríamos que distinguir a través del microscopio.

    Ahora de todo corazón: el humanismo misantrópico es muy complicado de llevar. (eso es lo que me pasa)

    ResponderEliminar
  6. Bonito ejemplo el de las cebras. Le diré Don Blas que todavía no he conocido a una cebra, por muy aborregada que fuera, que no haya encontrado motivo o vericueto para creerse distinta, en el sentido de superior, al resto de la manada. Como los Pitufos ¡¡¡¡
    Ahí estaba el quid de mi reflexión, en la validez o subjetividad de los argumentos que enarbolamos para desmarcarnos del grueso del grupo.
    ¿Cuál es el fetén? ¿El valor, la honradez, los principios morales, los valores, la inteligencia, las inquietudes, el dinero, la raza, la ideología? Qué peligroso. ¿Quién dice cuál es el bueno y en qué medida? ¿Dónde está el corte? Ninguno me acaba de convencer lo suficiente para aplicarlo a bulto (debe ser que voy justita en todos)
    En cualquier caso, a mi entender, la necesidad de tener que valerse de cualquiera de ellos me parece que iguala a la manada, es la trampa. El sutil truco, la diferencia en sí, para mí…es transmitir la individualidad sin tener que poner las cartas marcadas sobre la mesa.

    ResponderEliminar
  7. Sin encontrarle ninguna pega a su exposición, sólo añadiré, respecto a las mías, que en ocasiones gusto de ejercer mi derecho al odio.
    (pero creo que no es que se ponga uno serio, es atacar al humor por la espalda, como un vil y sucio traidor de espagueti western)
    (además, la cosa está muy mala, coño)
    (un beso, doña)

    ResponderEliminar
  8. ...jo, es que ejercer el derecho al odio a veces da un regustazo...
    Mire, Don Blas, el enlace es para usted ;P

    http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/atortas/darkVader.jpg

    metáfora del lado oscuro cuando la cosa está muy mala.

    Besazo

    PD: Cómo me pone Dark Vader con cartelito y todo....gensantísima

    ResponderEliminar
  9. Se pongan o no sobre la mesa, las cartas están marcadas. El tahúr irrecuperable es el que hace solitarios con ellas.
    El premio de la cebra es que el león se maree de rayas en la manada, no distinga a la unidad a la que hincar el diente y pastar un día más en la sabana: la supervivencia (el sentido de la vida).
    Qué clase de tahúr sería si no apostase... apuesto, sí, y de todos los argumentos para desmarcarse del resto del grupo, me quedo con el valor; el valor de llevar una bomba dentro del pecho, un corazón. La unidad biológica ha de hacer todo lo posible por sobrevivir, y el individuo por no hacer dejación de su conciencia. Un corazón valiente, si se expone, redime al tahúr. En un corazón valiente cabe todo: credos, ideologías, razas e identidades. Todo excepto la reputación. Una reputación en permanente descrédito es lo que es un corazón valiente.
    Un corazón incólume, sin heridas, es un corazón cobarde. La ausencia de empatía hace más apta a la unidad biológica para la supervivencia pero necrosa al individuo. Una conciencia que no cocea, ni recibe coces, ni es conciencia ni es na.
    Hay un tiempo para la paz y un tiempo para la guerra, claro que sí.


    Señora Diakonova, usted siga intentándolo; pero ha de saber que si un día me comprende acabará con mi reputación, y ese trabajo es mío (que de mayor quiero ser un corazón valiente).


    ¿Será el Dark Vader Surlaw? Pobre, pidiendo dinero por las calles….

    ResponderEliminar
  10. mmmmm...usted ya va siendo mayor Don Opal (ja ja ja me acabo de agachar en espera de un capón bien merecido)...no deje usted lo del corazón valiente para muy largo (uix dos capones)...cómo pica la colleja, oiga¡¡¡
    ...qué va, Walrus está muy ausente, seguro que ahora es Luke Skywalker y del brazo lleva una maestra Jedi que le da canela en rama.

    ResponderEliminar