lunes, 24 de mayo de 2010




Tengo una cicatriz en la pantorrilla, mi hermano mayor, un temperamento colérico, me clavó una tijera así sin más. Estaba él sentado en el sofá y yo le daba la espalda, creo que se aburría, un hombre de acción sentado, una anatomía sedente terribilitá vamos; si hubiese sido Konstantín, el personaje de Chejov de La gaviota, hubiese matado alguna gaviota, pero como no las había en el piso y yo estaba a tiro… aparte que él ni hablaba de sus motivaciones expresamente, y en cuanto a lo del subtexto, simplemente le era ajeno. En resumidas cuentas, me propuso por matar el tiempo ser su diana, yo le dije algo así como menos lobos caperucita y claro, le di el motivo, le reté. La lanzó y me clavó la tijera en el gemelo izquierdo, miré abajo y me quedé horrorizado, yo ya había pasado por diferentes torturas con él como verdugo, como cuando me asfixiaba con la almohada, pero, sinceramente, creí que no sería capaz. Luego fue tan tierno… me la sacó, me curó en primeros auxilios y me pidió perdón. Yo le perdoné, al fin y al cabo tampoco en esta ocasión me había matado.
El resto de las cicatrices de mi cuerpo, en la cadera, en la barriga, en el tórax… con texto o subtexto soy yo el responsable. Y aquí andamos, perdonándome. Y es que soy un humanista convencido.

4 comentarios:

  1. Puede usted considerarse afortunado de que no le diera un poco más arriba.

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  2. Ups, he confundido la pantorrilla con el muslo. Necesito clases de anatomía humana, pero de la femenina especialmente. De todas formas, sigue siendo usted afortunado.

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  3. Me hubiese dado doblemente por culo de acertar el centro de la diana. A lo mejor, quién sabe, apuntaba ahí y falló.

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  4. Cainitas y abelinos, el eterno divisorio.

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