viernes, 2 de abril de 2010





Marcello Mastroianni hablaba del final de la vida como si de un pueblo blanco se tratase, muy pequeñito, destellando en el horizonte sí, pero tan lejano al principio, tanto camino por recorrer… Y qué camino.
El pueblo se iba agrandando, decía, cosas de la perspectiva; del tiempo, que al andar, inexorable hace camino. (Maldito poeta el tiempo que nos mengua el camino. Se hace camino al andar, dice muy poético, muy veraz el hijo puta, pero el pueblo cada vez más cerca.)
Mastroianni, ya en el pueblo, sin camino y viejo, se lamentaba en la entrevista. Y yo con él.
A veces, cuando bailo, me vuelvo negro, huelo a flujo y soy, sobre todas las cosas, pélvico. Tiempo pasa de largo, no me reconoce, qué poco sabe el tiempo, no ve que tengo frío y me entretengo, que no quiero llegar al pueblo, que quiero morir en el sendero destellando negro.

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