lunes, 22 de marzo de 2010




La pérdida nunca quiere irse. Los azahares tampoco, regresan cada primavera, ayer. La pérdida regresa en el ayer, sabe que siempre habrá hoy azahares de ayer para ella. Su primavera.
Romy Scheneider ahogó en el alcohol sus penas, hasta que llegaron a ser ella. Después, se murió, se reunió con la pérdida. La perdida nunca quiere irse pero acoge, y es la bienaventuranza de los que llegan.

Señoras, señores, la representación va a comenzar.


Este año, esta ciudad. Primavera. Como un reloj atómico. Pérdida y primavera.


(Ven aquí, narrador, la pérdida tiene sus exigencias).

- Aquí estoy.

- Dinos, si es cierto que has perdido la primavera.

- Pero, ¿no regresa?

- Qué retórica es esa, responde.

- ¿Es una metáfora?

- ¡Responde, es una exigencia!

- No respondo a exigencias de la perdida. Ya me encontraré con ella.

- Lujuria, pereza, ¿y ahora soberbia?

- Me enfrento a la primavera.

- No tiene azahares.

- También la perdí a ella.

- Lo ha dicho: ¡perdió la primavera!

- Y quién coño eres tú, por qué nos llamas a mí y a la primavera.

- Te llamo a ti.

- ¿Quién eres?

- Seis te dijo el chino, y te llevaste cinco.

- No estoy para Bergmans.

- Lo estás y no te das cuenta.


Chino: Se lo dije y no prestó atención, ji, ji, ji.


Se cierra el telón, sale el enano de Twin peaks al proscenio.


Enano: Hola, soy el enano de Twin Peaks

- Y ahora qué coño pasa, ¿vuelvo a ser el narrador?

- (Más complicada es la vida, y ni siquiera te pregunta)

- El que faltaba.

Enano: Tampoco a mí.

- Vela tu entierro, enano.

Enano: No puedo, estoy muerto.



CONTINUARÁ

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