jueves, 21 de enero de 2010

Viajo en autobús y sin tener oído de portera escucho las conversaciones de los viajeros que me rodean como escuchaban los ángeles de Wenders los pensamientos de los habitantes de la ciudad de Berlín. Me impongo ser comprensivo y gentil como los ángeles de la película y sumar a mi gravidez el peso de otras vidas. Lo consigo; a día de hoy son las relaciones sociales más estables que tengo.
Sufro por esa muchacha que cuenta a la amiga cómo el novio la dejo así sin más, compadezco a la abuela que enumera en una letanía interminable sus padecimientos y me alegro por el niño de pelo cortado al rape que mima el gol de su vida a sus amiguitos. Cielo sobre Sevilla.
Y la geometría: el hombre gordo, solitario, con signos evidentes de trastorno mental; la mujer hermosa, triste; y yo… Un triangulo de silencio. La puerta se abre. Salimos. Tierra sobre Sevilla.

6 comentarios:

  1. Al ver el texto me ha salido un suspirillo de alegría; han sido muchos días mirando su blog infructuosamente.
    Maneja usted el punto y coma de maravilla, que lo sepa.
    G.D.

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  2. Emplazar los signos de puntuación adecuados, si la vida fuese un discurso, es lo que me gustaría. Siempre tengo en la cabeza a Paul Celan y el controvertido uso que hacía de ellos.

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  3. En casos causa-consecuencia, como este, me parece intercambiable por el doble punto. Yo lo considero imprescindible en enumeraciones en las que los elementos internos tienen comas.

    Me gusta el acento de las andaluzas.

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  4. El traje de corto andaluz en las mujeres, comparándolo con el de flamenca, es contrapunto mesurado para el gusto del sobrio castellano, o sea yo. El otro día vi a un par de ellas de esa guisa, sombrero cordobés incluido, promocionando el Tío Pepe. El rojo pasión de la chaquetilla suplía sin desmerecer el efecto vistoso de los faralaes del traje de gitana, prometiendo el arrebatamiento sensual que el norteño espera ver cumplido en el sur. Arrebatamiento que en mi caso se entrevera con uno de naturaleza mística; puesto que me empequeñezco ante tanta majestad y quedo suspenso.

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  5. O sea:
    Nada del hombre me es ajeno.

    En cambio:
    Mucho de la absenta me es ajenjo.

    Por tanto:
    El hombre se emborracha desde afuera.

    Es decir:
    El hombre se emborracha por dentro.

    Sobrio.
    ;

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  6. El hombre se emborracha sobrio hasta que mucho de la ajenja le es absento. Por tanto el hombre es emborrachado desde afuera hasta que se emborracha por dentro; un punto y una coma. Y sobrio.

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